15 de julio de 2016
15.07.2016

Ciencia, ciencia y más ciencia

15.07.2016 | 04:15

El pasado 4 de julio, aparecía publicado en este periódico un artículo de Maite Mercado en el que criticaba la actitud de 110 premios Nobel que pedían a Greenpeace que cesara en su oposición a los cultivos modificados genéticamente. Para la autora, esa carta no es otra cosa que «un nuevo movimiento en la guerra de intereses comerciales que se libra en el campo de los transgénicos». ¿De verdad cree que todas estas personas buscan hacer «propaganda»?

Nos recuerda la autora los datos de aumento poblacional y de necesidad de incrementar la producción que nos aporta la FAO, pero también nos indica que el cultivo de estas semillas «no solucionará el problema del hambre en el mundo». Las variedades MG, como cualquier otra tecnología agrícola, no son la solución para resolver el hambre en el mundo, claro que no. Pero sí son parte de la solución para abordar un problema muy complejo como es la producción sostenible de alimentos para una población creciente. La solución a este problema va más allá de una tecnología específica e intervienen multitud de factores (demográficos, sociológicos, geopolíticos, infraestructuras, educación, etcétera).
Estas semillas han contribuido a incrementar la producción de alimentos en 514,1 millones de toneladas de productos agrícolas entre 1996 y 20141. ¿Vamos a renunciar entonces a esta tecnología porque no les gusta a sus amigos de Greenpeace? Soledad de Juan Arechederra (Fundación Antama). Madrid.

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