08 de noviembre de 2016

Al filo de la fatua

08.11.2016 | 04:15

Después de una vida oyendo hablar de la libertad de prensa, de la función del periodismo como forma de controlar a los poderes legales y alegales del Estado, hemos llegado a lo que parece un punto de inflexión. Hasta ahora, todos podíamos conocer cuáles eran los planteamientos políticos de los respectivos medios a través de la linea editorial de los mismos, pero en los últimos días parece que algo ha cambiado, por fin. Ha cambiado la hipocresía sobre la ética periodística. La difusión de noticias veraces era el valor supremo del periodista, pero desde que el delegado del club Bilderberg en España ha puesto a trabajar al ejército a sus ordenes para influir en la política, otro ejercito de pseudoperiodistas, más bien opinadores, se están encargando de divulgar un evangelio por el cual tanto los medios de comunicación como las grandes corporaciones tienen el derecho a influir en la formación de gobiernos y si es necesario imponerlos, y todo amparado por la libertad de prensa y de mercado.

Todo correcto amigos, pero leo en la columna de televisión de este periódico como Cipriano Torres, él sí que es libre, llama por su nombre a un hijo de p... de la televisión tunecina. Por suerte, todavía es posible en España, pero si los fondos de inversión del Golfo que participan gran parte de las grandes empresas y medios occidentales, deciden que alguien que no está de acuerdo o radicalmente en contra del trato que reciben las mujeres en sus pocilgas morales, no debe escribir en los periódicos donde se anuncian o simplemente controlan accionarialmente, ¿están en su derecho de imponer un hijoputismo que el libre mercado ampara? Como diría otro grande, el gran Miguel Ángel Aguilar: atentos. Alfredo Alba Marín. Marines.

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