Tomates y memoria

19.06.2017 | 04:15

En 1887 se promulgó en Estados Unidos una ley que gravaba con impuestos la importación de hortalizas pero que dejaba exentas a las frutas. Las compañías que se dedicaban a la importación de tomates argumentaron que su producto era, científicamente hablando, una fruta (al ser resultado del ovario de una flor y portar semillas) para eludir la acción del fisco. El Gobierno demandó finalmente a esas compañías ante el Tribunal Supremo, fundamentando que el tomate no era fruta sino hortaliza.

Una fruta el tomate. Menudo disparate, un soberano fraude intelectivo ¿no les parece? La misma sensación me invade cuando me paro a reflexionar sobre eso que han convenido en denominar memoria histórica. Lo publicitan y enarbolan como una iniciativa o un proceso destinado a devolver la dignidad a las víctimas de la Guerra Civil española. Cuanta filantropía, por no llamarlo canallesca. Permítanme decirles que en una contienda fratricida como la que aconteció en nuestro país entre los años 1936 y 1939 todos los muertos, sin excepción de bando o bandera, son víctimas por igual. El victimario de una guerra no entiende de ideologías, y si se construye al amparo de una ideología determinada no puede hablarse de una pretendida defensa de la dignidad de los caídos sino, más bien, del ánimo de revancha (del ajuste de cuentas). Dignifiquemos la historia acordándonos de todas las víctimas, de todas, y hagámoslo de la mejor manera posible (acaso la más sincera): dejándolas descansar en paz de verdad. Y no mezclemos la nata montada con los tomates, las hortalizas siguen siendo hortalizas aunque les digamos frutas. Rodolfo Marqués Burguet. Alaquàs.

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