18 de julio de 2017
18.07.2017

¿Es de izquierdas el Consell?

18.07.2017 | 04:15

Parece una pregunta tonta, ya que todo el mundo sabe que el Consell es de izquierdas. Y si no, que se lo pregunten a los colegios católicos concertados o a la empresa concesionaria del Hospital de Alcira. Pero, además de por castigar a las monjas docentes, ¿por qué se caracteriza un gobierno de izquierdas frente a uno de derechas? Pues por dedicar más dinero a sanidad, educación y a políticas sociales. ¿Lo cumple el Consell?

Aunque el presupuesto de la Consellería de Sanitat del año 2010 fue de 5.700 millones de euros, el gasto real fueron 6.800 millones. Recordemos que en ese año se pagó el nuevo Hospital La Fe. Pero el gasto real del año 2014 fue de solo 5.924 millones de euros, 900 millones menos que cuatro años antes. Ya con el gobierno del Pacte del Botànic, el presupuesto de la Consellería de Sanitat del año 2016 fue de 5.909 millones y el de 2017 es de 6.084 millones, sin un aumento notable. En síntesis, podrá gastase mejor o de manera diferente, pero estamos ante cifras similares a las de hace bastantes años. El gasto real anual no ha aumentado, pero sí en cambio la población asistida, que ahora es «universal». Este hecho es muy grave, y necesariamente se traduce en un aumento de los déficits asistenciales, que afectan directamente a la salud de toda la población, e incluso a medio plazo hasta a la mortalidad. Las cifras de gasto en educación y en políticas sociales son parecidas.
Claro que la explicación es bien conocida: la crisis, la elevada deuda que sigue aumentando, el déficit que no se controla, la insuficiente financiación, tan reclamada pero que no se resuelve, etcétera. Pero, en este contexto de carencia presupuestaria, ¿realmente es de izquierdas dedicar bastantes millones de euros anuales a la nueva e innecesaria RTVV (dinero que no se tiene y habrá que pedirlo a Madrid), en vez de destinarlo a mejorar las carencias en sanidad, educación y servicios sociales? Un gran error del Consell, que necesariamente tendrá consecuencias electorales. Pedro Frontera. València.

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