Raúl Mundina, Almassora
No hay tiempo para el descanso. Otros lugares, otras gentes, dedican la jornada del domingo para sufrir en silencio la resaca, para reponer fuerzas y planificar la larga semana que queda por delante. En Almassora, y en Santa Quitèria, no se desaprovecha ni una hora del reloj. La fiesta impone inflexible sus exigencias.
Así que al reclamo de un interesante cartel taurino, el pueblo entero volvió a concentrarse en la vila y alrededores, en las collas y en los casales, para seguir disfrutando cada momento con la misma impaciencia del primer día, con idéntica intensidad que en los últimos suspiros del programa.
El cada vez más numeroso colectivo de Aficionats al Bou hizo honor a su nombre y a su prestigio. Un toro de Peñajara sirvió para deleitar a los más exigentes. Negro, bragado y listón, bien presentado, acudió presto al encuentro de cada rodaor que reclamaba su atención, ora en la plaça Major ora en la Picaora. Aficionats se encargó de dosificar su ímpetu para que por la noche pudiera atender a lo mucho que se esperaba de él. No defraudó.
Por su parte, El Duro y El Revolcó apostaron por un ejemplar de no menos atractivo, perteneciente al hierro de Lagunajanda, con el siempre efectivo atractivo de los toros castaños, aderezado además por la bravura y la raza con que se desenvolvió desde el mismo momento en que saltó a la arena de la Vila.
Lo que sí sirvió el domingo es para completar un programa variado que permitiera satisfacer otras necesidades de la fiesta que nunca son desatendidas en Almassora.
El noveno encuentro de bolilleras, en el pabellón polideportivo y organizado por la Asociación de Amas de Casa, siempre constituye un éxito de participación y de público, que fue curioseando para conocer el trabajo de las artesanas locales y de muchas vecinas de fuera de Almassora.
De igual manera, el festival de teatro y animación ofreció la magia y el espectáculo en vivo de la compañía los Títeres de Mambrú, mientras que el deporte cubrió su expediente con una tirada mixta de palomo y codorniz organizada por el club de caza El Mijares; y una exhibición de Stunt Moto en el Recinte Fester, en el que los componentes del equipo nacional de Ducatistunt desafiaron las leyes de la física con sus piruetas sobre la moto.
Por la noche, apenas cubierta la embolada, la gente inició un lento desfilar hacia sus casas. Tantas horas de abnegada dedicación a las duras obligaciones de la fiesta empezaban a pasar factura, y a nadie escapa que quedan demasiados días por delante como para rendirse. Así que fueron pocos los que se arriesgaron a enfrentarse a los rigores nocturnos, pero los suficientes como para mantener encendida hasta la madrugada la llama de la fiesta.