JORDI RUIZ CASTELLÓ
La política de grandes eventos auspiciada por el gobierno de Francisco Camps se ha limitado, en el caso de Castelló, al patrocinio del Masters de Golf Costa Azahar, que supuso a las arcas autonómicas un desembolso de apenas 1,7 millones de euros en 2008.
La Generalitat ha tratado de situar el torneo de golf a la altura de la Fórmula 1, la Copa del América de Valencia o de la Volvo Ocean Race, pese a que la inversión no se puede comparar. Tampoco es equiparable la repercusión, aunque el Consell sostiene que el Masters ha tenido un impacto económico de 18 millones de euros gracias a que fue televisado en muchos países.
En el caso de las competiciones de vela y de motor, el impacto es tangible y se traduce en forma de miles de visitantes y reservas hoteleras en Valencia y Alicante. Los efectos de la proyección mediática de Castelló están por ver, entre otras cosas, porque la oferta de golf de la provincia se reduce a tres campos de golf y la finalidad del evento es captar turistas aficionados a este deporte.
Por otra parte, cuando Valencia fue designada sede de la Copa del América se promovió la idea de que Castelló también sería beneficiada. Desde el ayuntamiento de la capital se anunció la posibilidad de albergar alguna regata previa, acoger a algún equipo o, incluso, ser subsede. La fiebre de la vela se extendió y se anunciaron nuevos proyectos de amarres para dar respuesta a las inminentes demandas.
Las expectativas de Castelló se vieron totalmente frustradas y la Copa de América no tuvo ningún impacto en la provincia, como admitieron los propios empresarios. No han llegado los barcos que se preveían y las nuevas marinas están desiertas.
La Generalitat tampoco se ha prodigado en Castelló en cuanto a los grandes proyectos turísticos, aquéllos que han de dar sustento al aeropuerto que está en construcción. Frente al impulso que dio a Terra Mítica (aunque ahora quiera desvincularse) ha desactivado el parque de ocio Mundo Ilusión por inviable. Tampoco ha desarrollado la Ciudad de la Música de Benicàssim ni la Ciudad de las Lenguas de Castellón, proyectos en los que anunció inversiones multimillonarias y que navegan en la incertidumbre. Lo mismo que el museo de los dinosaurios de Morella (Mudim) o el Centre de Convencions de Calatrava. Una situación que contrasta con las inversiones faraónicas realizadas en Alicante y, sobre todo, en Valencia.