VICENT BORRULL CASTELLÓ
La tradición del "mos quedem" se mantiene viva en muchos municipios castellonenses de la costa, donde se siguen celebrando verbenas, juegos para adultos y actividades y concursos de disfraces para los más pequeños. Muchos apartamentos de la playa, desde Castelló a Orpesa, lucen gallardetes y farolillos durante las fiestas de la Virgen de Agosto. Por supuesto, hasta que el sol comienza su ocaso, el pinar del Grau castellonense es lugar de encuentro de muchos que, en animada reunión, confeccionan paellas, disfrutan de la convivencia y, aprovechando la vecindad del mar, pasan una jaranera jornada playera.
Con todo, la crisis actual se ha cebado en algunas comunidades de vecinos que, tradicionalmente, habían montado sus fiestas de agosto con las populares cenas de sobaquillo, seguidas de baile y hasta disparos de castillo de fuegos artificiales, contando con las pirotecnias al uso común de las cajas chinas. La carencia de recursos de muchos vecinos ha motivado la falta de aportaciones económicas para celebrar estos festejos que, de algún modo, rememoraban el tradicional "mos quedem". Pero de una u otra manera, la fiesta se conserva, en clara contrapartida con la imagen de las calles vacías y el asfalto ardiente de la capital.
Esta tradición lúdica podría datarse del siglo XIX, cuando el auge de la burguesía y la aparición de masías y villas por las carreteras colindantes de la capital, en la llamada Gran Vía o la zona del Crémor, motivó la aparición de estas celebraciones estivales, no olvidemos que de origen religioso, para convertirlas ahora en reuniones de vecinos con la organización de comidas y meriendas, rematadas con el postre del helado artesanal con máquina de manubrio, fiestas y bailes con acento rondallero.
Las clases menos favorecidas usaban del pinar del Grau para llevar a cabo su asueto trasladándose con carros y tartanas a gozar a lo largo de tres jornadas, que comenzaban con la conmemoración de la fiesta de la Virgen, seguían con la de San Roque, de gran tradición venerada en Castelló como santo antipestífugo, y acababan en el tercer día, con la humorada popular de dedicarlo al perro del santo de Montpellier: La frase "La Mare de Déu, Sant Roc i el gos" se hizo muy popular y no sólo en Castelló, sino en muchas localidades vecinas que hacían suyos los mismos acontecimientos lúdicos.
La crisis o los nuevos y alejados destinos turísticos no han impedido que Castelló se vuelque de nuevo con sus tradiciones con renovada participación.