CRISTINA LAMAGRANDE CASTELLÓ
Unos días de reflexión, de encontrarse a uno mismo, de oración y sacrificio. Días de entrega a los demás, de saber apreciar el sentimiento de los más necesitados. Tiempo para priorizar la parte espiritual de la persona, para vivir en comunidad, para meditar sobre sus hechos y expiar sus pecados. Este es el sentimiento que desde el ocaso del pasado viernes inunda la mente y el corazón de los casi 1.200 millones de musulmanes de todo el mundo.
Con la última luna se inauguró el noveno mes del calendario lunar islámico. El Ramadán se abrió paso en todo el mundo; de oriente a occidente; en Mauritania, Argelia, Islamabad, en Rabat o en Castelló. Los más de 20.000 musulmanes en la provincia, con 17 mezquitas registradas en el Ministerio de Justicia, están de celebración. El calendario lunar señala los días y el sol la abstinencia. Es la aparición de la luna nueva la que marca el inicio de este mes dedicado a la devoción y la solidaridad.
Y es que, el Ramadán va inevitablemente acompañado de los rezos y el ayuno, que desde ayer, debe ser respetado por todos los creyentes. Esta privación, que tiene un "carácter purificador" se realiza durante las horas diurnas, desde el alba hasta la puesta de sol.
Pero la abstinencia no consiste únicamente en evitar la comida y la bebida, sino también los comportamientos inmorales. "El ayuno es una escuela donde se aprende a tener paciencia y autocontrol sobre el cuerpo, y a entender cómo se sienten los que pasan hambre" declaró Abbdel Azzid, portavoz del Centro Cultural Islámico. Al finalizar este mes de alegría, se celebra el "Id al-Fitra" que significa "romper el ayuno", y se convierte en un día festivo donde se realiza una contribución especial de carácter obligatorio en forma de alimento o dinero a los más desfavorecidos.