El precio del desarrollo

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Tres bloques de apartamentos construidos a escasos metros de la playa de la Concha, en la localidad costera de Orpesa.
Tres bloques de apartamentos construidos a escasos metros de la playa de la Concha, en la localidad costera de Orpesa.  v. m.
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Orpesa La exigencia de los turistas y la apuesta por explotar este sector ha propiciado la construcción de monstruosos apartamentos a orillas de la playa. Almenara En los años 90 se programó un polígono industrial para diversificar la economía basada en la agricultura, con un proyecto que incluía el derribo de parte de la montaña. Onda La explotación minera ha dejado una gran mancha marrón en plena Serra d'Espadà y ahora se trabaja para minimizar los efectos

N. SORIANO/C. RODRÍGUEZ CASTELLÓ Alguien dijo una vez que la mayor revolución ha sido la ecológica pero lo cierto es que la apuesta por el desarrollo de los pueblos ha hecho que, en ocasiones, se tenga que renunciar a valores paisajísticos, medio ambientales o patrimoniales para evitar un estancamiento económico. La exigencia de los turistas, la valía de tener un apartamento en primerísima línea de playa, el desarrollo urbanístico de los años 80 y la necesidad de crear puestos de trabajo ha hecho que se levanten monstruosos edificios a escasos metros del mar, se hagan viviendas sin tener en cuenta el impacto visual y se construyan polígonos a costa de la destrucción de la naturaleza.
Un ejemplo es Orpesa, un municipio que ha optado por explotar el sector turístico. La playa de la Concha se ha convertido en un hormiguero de apartamentos por los que se llegan a pagar más de 3.000 euros una quincena de verano. El beneficio económico, importantísimo para esta ciudad costera y sus vecinos, y la gran demanda de este tipo de casas hace que merme la importancia de conservar una playa virgen. La Ley de Costas nació en 1988 con el objetivo de frenar la presión urbanística pero, después de 20 años, el texto legal ha resultado insuficiente.
En Almenara también ha primado el desarrollo, en este caso industrial, por encima de los valores paisajísticos. Se trata del polígono Tras Castell que ha supuesto el derribo -mediante explosiones- de parte de la montaña en la que se levantan el castillo y las torres de l'Agüelet y l'Agüeleta. El alcalde, el socialista Vicent Gil, recuerda que el proyecto se gestó cuando gobernaba el Partido Popular y que, cuando llevaron al gobierno, ya no había marcha atrás posible.

Puestos de trabajo
Gil reconoce que el proyecto sí que se ha ejecutado durante su gobierno por la urgencia de tener empresas y ofrecer puestos de trabajo. "La gestión administrativa se hizo en los años 90 hasta el 96. La reparcelación fue en 1993 y se inscribió en el registro de la propiedad, momento en el que el proyecto es irreversible. Tres años después se aprueba definitivamente el plan de ejecución, también irreversible", explica el munícipe.
En Onda -a las puertas de la Serra d'Espadà- daña a la vista las consecuencias que la actividad minera desarrollada hace años provocó al pulmón verde más importante del municipio. El año pasado, tal como informó Levante de Castelló, comenzaron los trabajos de replantación. No obstante, todavía falta mucho para que la mancha marrón desaparezca y la zona montañosa vuelva a teñirse, totalmente, del verde originario, y se pueda presumir de la espesura que tenía hace décadas.
El edificio de la Torre Motxa de Vila-real
La Torre Motxa de Vila-real es el más importate resto de la muralla defensiva que rodeaba la localidad en la Edad Media, junto con la Casa de l'Oli. Construida en 1274, año de la fundación de Vila-real, estaba ubicada en la esquina Sureste de la villa. La torre fue reconstruida en 1424 y en la base del muro puede verse una pequeña ventana cerrada por una verja, que fue parte de las salidas del alcantarillado de la antigua ciudad. Junto a ella se construyó a principios de los años 80 un edificio de siete alturas. El entonces alcalde de UCD, Bautista Carceller, explica que en aquellos años no había Plan General de Ordenación Urbana que protegiera los monumentos y no se planteaban la teoría del impacto visual.
"Se trataba de un solar en el que, legalmente, se podía edificar y no nos podíamos oponer. Lo que sí conseguimos es un retranqueo para que la pared del edificio no estuviera pegado a la muralla", explica el ex alcalde. Además, Carceller recuerda que era una época "triunfalista" en la que la gente quería vivir en pisos "cuanto más altos mejor". "Vivir en una planta baja era cosa de pobres", concluye Carceller.
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