ALEXIS RUBERT VILA-REAL
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Maldito primer minuto. El Villarreal CF perdió ayer ante el Real Madrid en un partido marcado por dos circunstancias, el gol de Cristiano Ronaldo en el arranque y la expulsión de Gonzalo cuando apenas se había superado la media hora de juego. Demasiados obstáculos para un submarino que salió al campo con muchos complejos, sin la intensidad que merecía el encuentro y soportando el arbitraje de Mejuto González. Con el decurso del enfrentamiento, mejoró el conjunto amarillo hasta el punto de inquietar al cuadro blanco con un efectivo menos. En el tramo final, un penalti que transformó Kaká sentenció lo que quedaba por ver.
Listo como es, el entrenador del Real Madrid, Manuel Pellegrini, dispuso a cinco efectivos en el centro del campo, consciente de que es la demarcación clave para ganar. Disponiendo de Cristiano Ronaldo y Kaká, no resultaba tan rácano situar solo en ataque a Higuaín. Esto fue lo que llevó a cabo el chileno, quien tuvo que salvar la lesión de Garay ubicando en el centro de la defensa a Ramos, quien acompañaba a su vez al ex valencianista Albiol.
Valverde, por su lado, alineó a un once clásico, sin sorpresas, ya que se había anunciado antes del inicio del partido que Marcos Senna no iba a ser titular. El hispano-brasileño había recibido el alta médica precisamente esta semana. No obstante, su ausencia, más la de Ibagaza, lesionado para mes y medio, dejaba al Villarreal con poco potencial en la línea medular, donde Eguren mordía pero eran necesarios más mordiscos para salir victorioso.
El ejemplo más claro fue la carrera de Cristiano Ronaldo en el primer minuto de juego, acción individual del portugués que acabó en gol y dejó al submarino herido de gravedad, justo cuando menos recomiendan los manuales de balompié. Había que buscar el lado positivo, como era actuar con menos presión en el resto de minutos que quedaban por delante.
Sin embargo, al Villarreal le costó sacarse miedos y fantasmas de encima y, especialmente, evidenciar esa garra que convirtió al equipo en un bloque homogéneo donde todos trabajaban por igual. Necesitaba intensidad el equipo amarillo, sobre todo porque seguía actuando con un hombre menos en el centro del campo.
Si el panorama estaba negro, como el cielo, se convirtió en menos halagüeño todavía con la expulsión de Gonzalo a los 34 minutos. El argentino había visto la primera cartulina amarilla antes del primer cuarto de hora y fue expulsado sin contemplaciones por una falta a Kaká.
Los de casa rearmaron filas con Eguren en la demarcación del capitán local. Las expulsiones nunca son bien recibidas en ningún contexto, pero menos aún cuando el Villarreal se estaba sacando de encima parte de la presión acumulada. De hecho, un minuto antes, Cani dispuso de la primera ocasión para marcar. El aragonés no chutó desde dentro del área cuando podía y desperdició una buena oportunidad para empatar.
Cerca del final del primer tiempo, Rossi mandó el cuero por encima del travesaño en la ejecución de un libre directo que supuso la segunda aproximación con peligro de los jugadores que entrena Valverde.
Reacción con uno menos
La segunda parte comenzó sin cambios en ningún conjunto. Pellegrini mantuvo el hábito que tenía en el Villarreal y Valverde se la jugó sin variaciones a la espera de mover el banquillo. Fueron buenos minutos del submarino, que llevaba la iniciativa y se acercaba con peligro a la portería defendida por Casillas.
Justo cuando el empate en el marcador no era una quimera y con uno menos llegó el segundo tanto blanco. Mejuto pitaba penalti sin pensárselo dos veces al tocar Ángel un balón con la mano cuando se lanzó a ras de hierba para evitar un centro de Marcelo. Kaká fue el encargado de colocar el balón en los once metros -Raúl estaba en el campo- y así aumentar la diferencia.
Se acabó el partido con este marcador porque para el Villarreal resultaba imposible conseguir dos goles sólo con diez jugadores, pese a que Marcano, Pirès y Pereira habían oxigenado al equipo. La vida sigue, el fútbol también.