R. LAGUNA VALENCIA
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Condenaron hasta a la abuela. Porque Quiteria B. V. con 73 años y dos condenas por sentencia firme por tráfico de drogas, era una de las cabecillas de la familia que organizaba la venta en el domicilio de papelinas de cocaína y de tabletas de hachís. Fueron juzgados 12 miembros de una misma familia que tenían distribuido el "negocio" en tres pisos del mismo edificio de la calle Ángel de Villena, en Valencia. Tenían montado un dispositivo de vigilancia e, incluso, usaban el cochecito del bebé para esconder la balanza de precisión con la que pesaban la mercancía.
El "modus operandi" era simple. Los más jóvenes de la familia se apostaban en el portal y en las esquinas para ir controlando la llegada de los compradores y para que no hubiera presencia policial en la zona. De un lado a otro de la calle, los "vigilantes" se hacían una señal con la cabeza para dar paso franco al "cliente" y, a través de esta cadena, se le hacía subir a uno u otro domicilio.
David M. y Rafael M. eran los que dirigían las labores de vigilancia, subiendo y bajando al piso de su madre Quiteria de forma continua, y controlando la entrada de los compradores. Allí les abría la puerta Quiteria B. V. o María Luisa M. F., que guardaba lo envoltorios de cocaína en un monedero y la báscula de precisión dentro del cochecito del bebé.
En este último piso se hallaron 40 billetes de 500 euros, que suman 20.000, además de otras cantidades menores., "dinero procedente de la venta de droga", según la sentencia dictada por la Audiencia de Valencia. A la abuela le encontraron dinero y cuatro tabletas de hachís envueltas en papel de celofán y guardadas en un cajón del aparador.
Tres de los compradores declararon durante el juicio tras un parabán, al tratarse de testigos protegidos, ya que temían represalias del grupo que estaba siendo juzgado, en total 12 acusados.
"La mujer de mayor edad"
De éstos, sólo han sido condenados seis miembros de la familia. María Luisa M. F. cumplirá siete años de cárcel, como propietaria de uno de los pisos donde se halló droga debajo de la cama y la balanza, además de la importante cantidad de dinero. Rafael M. M. ha sido condenado a tres años y medio por sus labores de vigilancia. Quiteria B. V. cumplirá tres años como propietaria de las otras dos viviendas, por ser la mujer "de mayor edad y de raza gitana" que identificaron los testigos protegidos.
Los hermanos David M. B., Antonio M. B. y Remedio M. B. han sido condenados a un año y seis meses por sus labores de vigilancia.