TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
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"Ha sido un golpe muy duro enterarnos de que le habían matado y tirado en un monte. Había pasado casi un año y era muy raro, pero seguíamos teniendo la esperanza de que volvería vivo a casa". Isabel, la mujer de José F. F., el vecino de Paterna asesinado hace diez meses y medio y cuyo cuerpo fue encontrado hace dos semanas enterrado en Riba-roja, confiesa que se siente "destrozada y hundida" y que "confiamos en que detengan cuanto antes a los que lo han matado".
Isabel ha insistido en que su marido "no había reñido con nadie ni nadie lo había amenazado, se llevaba bien con todo el mundo", por lo que, dice, no se explica "quién le ha hecho esto y por qué".
José, que tiene cuatro hijos de 30, 28, 27 y 19 años, y tres nietos -entre ellos una niña de cuatro años "a la que prácticamente hemos criado José y yo", dice Isabel- se dedicaba a la venta ambulante. Poco antes de su desaparición había vendido una furgoneta y, según su familia, solía frecuentar en ocasiones un desguace para comprar y vender algunas piezas del vehículo.
La tarde de su desaparición, José estaba comiendo -había llegado poco antes de uno de los mercadillos- cuando sonó su teléfono móvil. El interlocutor debió preguntar por su nombre, porque, según recuerda su mujer, él respondió: "Soy yo, soy yo. En dos minutos estoy ahí". José se cambió -ya llevaba puesto el pijama porque se acomodó nada más llegar a su casa- y salió. Antes de hacerlo, miró a su nieta, que entonces tenía tres años, y se despidió de ella diciéndole: "Ahora viene el abuelo". Sin embargo, ya nunca más regresó.
En busca de huellas y ADN
El lunes por la noche, horas después de que su familia denunciase su desaparición en la comisaría de Paterna, encontraron su coche -en realidad era de un familiar, pero lo utilizaba él tras la venta de la furgoneta- perfectamente estacionado en la rotonda que da acceso al polígono Fuente del Jarro desde el casco urbano de Paterna, a kilómetro y medio de su domicilio.
El coche no sólo estaba bien aparcado, sino que, además, estaba cerrado con llave, lo que contribuyó a que no llamara la atención en 72 horas.
La familia trató en vano de ponerse en contacto con él. Desde la primera llamada, en la noche del viernes, cuando su mujer comenzó a impacientarse por su tardanza, el móvil daba señal de apagado o fuera de cobertura. Y así continuó hasta que lo dieron de baja.
Tras el hallazgo del coche, agentes de policía científica de la comisaría de Paterna sometieron el vehículo a una inspección ocular en busca de huellas y ADN que pudiera explicar lo sucedido. Sin embargo, según fuentes próximas a la víctima, de ese examen no se obtuvieron datos de especial relevancia.
Salvo que ahora, con la investigación iniciada por el grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Valencia, que se centra en identificar a la persona que llamó a José al móvil, algunos de esos resultados comiencen a tener interés policial una vez que avancen las pesquisas que ya han puesto en marcha.
En su momento, numerosos familiares y amigos de José peinaron una zona descampada de monte bajo de Paterna, conocida como Las Minas, después de que un vecino asegurase haber visto a José hablando con tres hombres el día que desapareció. Esa información, que la familia aportó a la policía, tampoco condujo a saber ni quiénes eran, ni qué había ocurrido con José, cuyo cuerpo esqueletizado fue encontrado el pasado lunes, 14, enterrado junto al antiguo polvorín militar de Riba-roja, tal como publicó este periódico.