ROGER LORGEOUX VILA-REAL
Ernesto Valverde empieza a sentir cierta frustración ante la crisis del Villarreal CF. Prácticamente ya lo ha probado todo sobre el terreno de juego y los resultados positivos siguen sin producirse, tanto en la Liga BBVA como en la Europa League. Sólo le resta la alternativa de recurrir a las medidas drásticas, como un cambio radical de sistema, para encontrar soluciones al actual bache. Aunque la sensación que queda tras cada encuentro es que sólo la mala suerte impide conseguir la victoria, lo cierto es que a medida que se suceden los empates y las derrotas aumentan la inseguridad y la ansiedad en el equipo, que además comienza a ser presa de la impotencia.
El pasado domingo, ante el Espanyol en El Madrigal, Valverde buscó la reacción a través de una pequeña revolución en la alineación con jugadores como Godín, Javi Venta, Marcos Senna y Robert Pirès, a los que había dejado fuera del once titular frente al Salzburgo el jueves anterior -en el caso del primero por lesión-. El juego del Villarreal mejoró ostensiblemente pero persistió el bloqueo con el gol.
Es más, quedó claro que la ausencia de remate ya no es una cuestión exclusiva de los delanteros, sino que el problema afecta al colectivo. Ni siquiera con superioridad numérica desde el minuto 15 el submarino fue capaz de ver portería.
La segunda línea
Siempre los jugadores de segunda línea han resultado determinantes para el acierto de los atacantes. El desequilibrio en el uno contra uno ha propiciado muchos pases de gol a Rossi y Joseba Llorente la temporada pasada. Sin embargo, la falta de confianza en futbolistas como Cazorla o Cani, que no terminan de alcanzar su máximo nivel, repercute negativamente en sus compañeros de de la delantera, que en ocasiones dependen de un buen balón en profundidad.
A ello hay que sumar contratiempos en forma de lesiones, como la que sufre Ibagaza o la que la rompió la evolución de Senna.
Sea como fuere, lo que más lleva de cabeza a Valverde es la nula inspiración ofensiva de los cuatro atacantes que, a pesar de disponer de ocasiones, no encuentran el camino del gol. Desde la segunda jornada de Liga, en la que marcó Rossi (1-1 ante el Mallorca), ningún delantero amarillo ha celebrado un tanto.