TERESA DOMÍNGUEZ VALENCIA
?
"Lo siento, pero vas a tener que darme 6.000 euros de la caja fuerte". Así se presentó a las 12.30 horas del miércoles en una oficina bancaria de la calle Alfahuir de Valencia un hombre de 63 años, quien, "desesperado por no poder hacer frente a las deudas", intentó como única salida asaltar una sucursal con una pistola simulada que ni siquiera llegó a dirigir contra nadie.
Juan Vicente, el gestor comercial de la oficina, explicó ayer a Levante-EMV que "el hombre entró y guardó la cola como un cliente más. Cuando el señor que estaba delante de él se fue, se acercó al mostrador y me dijo: "Lo siento, pero vas a tener que darme 6.000 euros de la caja fuerte". Yo creí que era un cliente y que quería sacar dinero de su cuenta y como no estaba seguro le pedí que me lo repitiera. El hombre volvió a decir lo mismo y en ese momento sacó una pistola que parecía real".
En ese instante, el supuesto atracador "rompió a llorar. Se le veía desesperado, roto", explica Juan Vicen?te, "en ningún momento apuntó a nadie con la pistola ni nos amenazó. Murmuraba entre sollozos que no podía pagar sus deudas y que no sabía qué hacer. Incluso dijo que había pensado en quitarse la vida y acabar con todos sus problemas de una vez. Mi compañera y yo llegamos a temer que se dispa?rara un tiro allí mismo".
"Es mejor que me vaya, ¿verdad?"
Entre la directora y el agente comercial intentaron disuadirle de que su actitud, lejos de aliviar su situación, acabaría empeorándola. "Le informamos de que la caja fuerte tarda unos minutos en abrirse y que se estaba complicando la vida, porque las cámaras le estaban grabando y la policía podía llegar en cualquier momento. Entonces él mismo reflexionó y respondió: "Casi que lo mejor es que me vaya, ¿verdad?". Y se fue".
Instantes después llegaron varias dotaciones del Cuerpo Nacional de Policía. Cuando estaban entrevistándose con la directora y con Juan Vicente, "nos dimos cuenta de que el hombre había vuelto. Aparcó en doble fila ante el banco y salió del coche con la mano en alto, como saludando. Por lo visto, venía a pedir?nos perdón".
Los dos empleados le indicaron a los agentes que el supuesto atracador era el mismo que les saludaba. "Era surrealista. De hecho, el policía preguntó: "¿Están ustedes seguros de que es él?" Le dijimos que sí y salieron a detenerlo".
Varios agentes se abalanzaron sobre el hombre, lo inmovilizaron en el suelo y lo esposaron. Entonces, registraron el coche y encontraron la pistola, que ni siquiera era real. El acusado, que carece de antecedentes de cualquier tipo, fue puesto ayer a disposición judicial y quedó en libertad.