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Ni derecho ni vergüenza

 01:23  

Juan Bautista Planelles
Contemplar las evoluciones del Castellón por los campos de la Segunda durante este período inicial de la temporada es un ejercicio deprimente. Y no lo digo yo sólo, sino todos los que han tenido la paciencia de observarlo.
En otros momentos de su historia, al igual que el resto de los equipos de fútbol, la entidad albinegra ha pasado por situaciones similares y, la verdad, son momentos muy desagradables, aunque en este caso no parece que haya que añadir ningún problema de carácter económico que amenace otros factores determinantes. ¡Eso faltaba!
A pesar de todo ello, nunca como ahora el CD Castellón ha tenido la oportunidad de estabilizar una línea de conducta a largo plazo, merced a la necesidad que tienen los accionistas de aguantar en su puesto, pues nadie les va a adquirir sus acciones, ni los abonados ni nadie tienen potestades para obligarles a dimitir. En consecuencia, si alguien con mucho interés quisiera, se podría potenciar el capital humano de la cantera, si es que ésta existe como tal y en el supuesto de que esta potenciación esté dirigida por gente competente y absolutamente profesional, circunstancia que dudo mucho. Sólo faltaría tener una información ajena sobre algunos posibles y contados refuerzos para disimular un equipo con futuro.
El CD Castellón siempre ha contado con futbolistas de casa con calidad suficiente para formar la estructura básica del primer equipo, sobre todo durante los años setenta, ochenta y noventa, por lo que podemos pensar que este flujo de jugadores salieron de la escuela de El Bovalar y no por evolución natural, entendiendo por esto último el tráfico callejero de características futbolísticas existente en nuestro país hace ya tantos años, cuando los niños apenas si se distraían con la práctica del juego de la pelota, tal como se observa que ocurre en los países africanos en la actualidad, porque no existían coches en nuestras calles y plazas y los colegios religiosos abrían sus puertas eternamente para que cualquier interesado pudiera practicar deporte en sus patios.
Comentando esto que digo con un amigo, pero en relación con Burriana, le aseguraba que mi generación hubiera sido capaz de formar con naturales de esta población un equipo digno en Tercera división y otro inferior en la regional. En la actualidad, las cosas van como van.
La semana pasada me encontré con un señor en un aparcamiento público. Su cara me sonaba muchísimo y, por eso, fui a saludarlo. Él, viendo que no le situaba, me dijo: "No me relacionas, ¿verdad? Sin embargo, acertaste sobre el porvenir de mi hijo". A partir de esta frase reaccionó mi memoria y le contesté: "¿No me digas que tú eres el padre del que juega en el Valencia CF?"
Se trataba del padre de Pablo Hernández, con quien tuve una relación dominguera cuando su hijo, actual jugador internacional con la selección absoluta, y natural, por nacimiento y crianza, de Castelló, se iniciaba en la práctica del fútbol con apenas doce años en el Polideportivo Chencho.
Recuerdo que su padre, Diego creo que se llama, venía a buscarme para que viera las evoluciones de su hijo durante el partido competitivo y, aunque ya no me acuerdo de nuestras conversaciones al respecto, sí que tengo grabado en la mente que era un niño que, cuando le llegaba el balón, se los regateaba a todos y, encima, marcaba gol. Marcaba más de cinco goles cada partido, a veces más de diez, y como no existía el espíritu profesional entre sus compañeros, como es de pensar, y sí el de diversión, estos últimos no querían jugar con él porque se aburrían, de tantos goles como metía sin necesidad de la participación colectiva.
Le di la enhorabuena al padre, recordándole que, no hace mucho, estuve en una reunión en la que intervino su hijo, sin que yo supiera nada de lo que he contado. La próxima vez ya lo saludaré con el antecedente de su padre.
Parece que no le ha resultado nada fácil a Pablo Hernández llegar hasta donde está, ni a ningún otro, añado, pero el actual internacional ya tenía condiciones, excelentes, diría yo, pero otros en la provincia, sin mucha calidad, la adquirieron y otros, con buenísimas condiciones para alcanzar la Primera división, ni siquiera probaron la Segunda. Y a eso no hay derecho ni vergüenza.

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