NACHO MARTÍN CASTELLÓ
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Greenpeace y el Grupo para el Estudio y la Conservación de los Espacios Naturales (Gecen) advirtieron ayer que uno de los factores que motivaron el desbordamiento del río Seco durante las lluvias del pasado septiembre es la decisión "errónea" de hormigonar parte del lecho del río y promover desarrollos urbanísticos en zonas inundables.
La crítica de los dos colectivos ecologistas surge en un contexto en el que la Confederación Hidrográfica del Júcar ha comenzado a investigar las causas del colapso de un río cuyo encauzamiento se inauguró en 2007 con una inversión de más de 50 millones de euros.
Ambas entidades recordaron que, tal como habían advertido antes de la ejecución de la obra, la pavimentación del cauce del río Seco iba a provocar una alteración de su ciclo natural y aumentar la velocidad de las escorrentías.
La responsable de Costas de Greenpeace, Pilar Marcos, explicó que este tipo de obras de "ingeniería dura" desvirtúan el flujo natural del río al impedir la filtración del agua y el efecto beneficioso de la vegetación. "El sustrato de hormigón no absorbe el agua y provoca un aumento de su velocidad. Y esto hace también que desaparezca la vegetación, que es fundamental para controlar las avenidas". Marco subrayó que el encauzamiento hormigonado y el cubrimiento del río para permitir desarrollos urbanísticos generan un colapso en el tramo final de la desembocadura (que no se ha canalizado) dado que en una distancia tan reducida resulta imposible asumir un caudal de agua que multiplica su volumen y su velocidad debido al hormigón. "La desembocadura que se encuentra en un estado aparentemente natural y no hormigonado es incapaz de absorber el volumen de agua en tan pocos metros y su vegetación no resulta suficiente. Esta absorción la debería haber hecho el río de forma natural durante todo su recorrido. Por ello al final se genera un efecto embudo con el lodo y la vegetación".
A juicio de Greenpeace, también resulta imprescindible tener en cuenta que los soterramientos de ríos y los desarrollos urbanísticos en zonas húmedas inundables "suponen no sólo un grave impacto contra el medio ambiente, sino también un riesgo para la seguridad pública".
Por su parte, un investigador de la Sede para el Estudio de los Humedales del Mediterráneo de la Universitat de València (Sehumed) recordó que "el problema no es que se inunden zonas inundables, lo cual es natural, sino quien autoriza viviendas en esa zona".