ENRIQUE BALLESTER CASTELLÓ
Dos semanas atrás se lesionó Tabares. Dos semanas atrás la dirección deportiva admitió que algo habría que buscar, y fichar. Una semana atrás, mientras se merodeaba en el mercado, las molestias de Leo Ulloa en la zona del tobillo y el talón de Aquiles se acentuaron hasta obligar el parón en los entrenamientos y la ausencia en el césped ayer, en el Castellón cero Elche dos que se convirtió en una apología de lo evidente.
De entrada, el equipo extravió los dos únicos focos que le alejaban de la mediocridad oscura. A Ulloa, referencia absoluta en punta, por obligación. Y a Palanca, daño colateral, que abandonó el flanco derecho, donde más alto ha volado de albinegro, para intercambiar posiciones y desaciertos con Valle, en la izquierda, o tras Gari Uranga, por dentro.
Uranga fue el encargado de adoptar los roles de Ulloa en el mecanismo colectivo. Al contratar a Gari, el Castellón no fichó un extremo, ni un mediapunta, sino un futbolista de oficio, para lo que haga falta. Se fajó obediente, por supuesto, pero con sólo voluntad no le alcanzó al vasco.
Así, no hubo quien disimulase, en un primer acto molesto por sincero, las incapacidades del resto. De los dos pivotes para hacer mejores a sus compañeros, de la zaga para mantenerse en pie, o de todos para escapar del tedio.
Sufrió especialmente Baigorri, al que se le adelantó primero Martí Crespí para cabecear una rosca envenenada de Saúl, y después, cuando el propio Saúl le encaró para trazar sin apenas oposición una diagonal hacia el pico del área, que coronó con un disparo cruzado de zurda, al segundo palo.
Una mala noche para Baigorri, señalado en los dos goles y sustituido en el descanso por Reyes, sin que mucho cambiase. Con brazalete de capitán jugó Baigorri, que parece no creérselo ni él, que ni encabezó la fila de futbolistas que saltaron al sonar el himno. Y es que al Castellón quién tiene ahora mismo que creérselo, sin símbolos que porten el brazalete, con la flagrante dejadez de la directiva con la opción de enderezar antes de tiempo la chapuza estival, con cada curso más butacas vacías en las gradas, y más espacios en blanco en las vallas publicitarias. Un club en decadencia, en definitiva, por si no nos habíamos dado cuenta.
El Elche, por su parte, manejó la doble ventaja con rigor, sin cometer más error que el de Óscar Rubio, que derribó a Guzmán por detrás, cortando el avance del albinegro, y siendo expulsado. La roja arribó, en el minuto 49, gracias a un ramalazo de Jonatan Valle, que pinchó con clase un pelotazo de Lledó para señalar el camino al área a Guzmán. Valle, en el segundo tiempo, dejó aflorar algo del talento que esconde en sus piernas de alambre, con un puñado de detalles, única ilusión que llevarse de recuerdo.
Mejoró también Palanca, de vuelta a la banda diestra, y el equipo en general, con la huida de Omar y Mantecón del centro del campo. Márquez modificó el esqueleto en superioridad, con Enguix en el pivote, y Ricardo Páez mezclando con naturalidad con Jonatan Valle, de zurdo a zurdo, en el mismo idioma.
Pese a los brotes verdes y las buenas intenciones, todo quedó en artificio, diluidos ante el arco en dos ocasiones muy claras. En una enlazó Páez con Valle, que habilitó un pasillo interior a Uranga, que dribló a Willy pero no pudo evitar el despeje de Navarro. En otra, Valle plantó a Páez frente al meta, que le adivinó el quiebro para certificar una victoria sencilla y merecida, y ensalzar el despliegue asombroso de Wakaso en el medio y las puntadas de calidad de Saúl.