EUROPA PRESS CORTES DE ARENOSO
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Un vecino de San Vicente de Piedrahita, una pedanía de Cortes de Arenoso que cuenta con apenas 150 habitantes, es, a sus 63 años, uno de los pocos artesanos que hace sillas de cuerda con sus manos. Antonio encuentra la materia prima a las afueras del pueblo donde hay una zona pantanosa en la que crecen aneas, la planta que le servirá para confeccionar el asiento de la silla de madera. Él mismo la transporta hasta la puerta de su casa donde la deja secar hasta que adquiere un color amarillento. Una vez seca, la pone en remojo entre ocho y diez horas. "Así es más fácil de manejar ya que si está un poco mojada es más flexible", explica el artesano. Posteriormente, llega el momento de empezar el proceso que Antonio, si hace sol, realiza en la calle, como trabajaban muchos artesanos antiguamente.
"Mientras trabajo me distraigo, aquí en el pueblo nos conocemos todos, los vecinos me saludan y se paran a ver lo que hago", comenta. Esta actividad le proporciona unas pequeñas ganancias, ya que recibe encargos de vecinos que todavía aprecian sentarse en el mismo tipo de sillas en las que se sentaban sus antepasados.
Su mejor pasatiempo
Antonio pasa días y horas encordando las sillas. No las cuenta porque esta actividad es su pasatiempo preferido. Los años y la experiencia hacen que las manos de Antonio funcionen con mucha destreza. Su deseo es que su arte y afición lleguen a la gente y que en las casas continúen habiendo "sillas como las de antes".