ENRIQUE BALLESTER CASTELLÓ
En una situación crítica, cambiando Tenerife por Las Palmas y con Pedro Hernández como único hilo conductor. El CD Castellón arañó un punto insular para sobrevivir en el torneo, en inferioridad numérica en el césped, y en una sufrida agonía que le permite tomar una bocanada de aire, aún colista, pero alejándose con esfuerzo del desánimo.
En Tenerife, en marzo de 2006, se presentó el Castellón sin más salida que sumar, tras tres meses a domicilio de derrotas continuas. Perder descolgaba a los albinegros del campeonato, condenándolos prácticamente a un descenso inevitable, envueltos en una inercia fatal. Se empató a uno, y el milagro fue así: el calor carnavalesco de la isla, la asfixia de la subida hasta el Heliodoro Rodríguez López, el nefasto primer tiempo con Tabares en la ducha antes del descanso, el penalti de Oliva que supuso el uno a cero, la expulsión de Dealbert, la piedad blanquiazul ante la sentencia, la rabia exhibida frente al abismo del infierno, la pena máxima provocada por Kenji Fukuda, y el empate inverosímil y salvador de Raúl Sánchez en el último segundo.
"Era una situación complicada y sobrevivimos", reconoció Pepe Moré en una entrevista años después. Pedro Hernández, el único que jugó aquella tarde y repitió el sábado ante Las Palmas, fue el primero en rebelarse, cuando el equipo se quedó con diez, y necesitaba marcar, apareció en la zona del central, en la suya de lateral, y punzó con orgullo en posiciones de ataque. Tras él, todos fueron avanzando, pasito a pasito, hasta coronar la gesta en tiempo añadido.
El rearme moral que sintió entonces aquel equipo, bendito hacia la salvación final, se dejaba sentir también en las declaraciones de los futbolistas que dirige ahora Bartolomé Márquez. La plantilla interiorizó la igualada, el primer botín a domicilio de la presente campaña, como un punto de inflexión hacia la remontada en la tabla. De momento sólo es un deseo, pero por ahí nacen los hechos.
Para el optimismo albinegro queda la respuesta colectiva a la adversidad. Con el espíritu que apenas había mostrado en citas anteriores compensó las ventajas locales en el marcador, por partida doble. Después, se sostuvo bien el equipo tras la expulsión de Ximo Enguix. Además, tal y como reseñó Palanca en una significativa declaración de intenciones, "nos dimos cuenta que también sabemos tocar y mandar, no sólo salir a la contra o buscar en largo a Leo Ulloa".
Objetivo Murcia
Sea como fuere, sólo el futuro puede convertir en tangibles lo que ahora son sensaciones. Para empezar, el CD Castellón deberá corregir su escandalosa endeblez defensiva, dos goles por encuentro recibidos, principal preocupación del cuerpo técnico. Dicha sangría condicionó la alineación en Las Palmas, con dos cambios en la defensa (César Martín y Pedro), y otros dos en el centro del campo (Enguix y Pendín).
Pese a las precauciones, el equipo volvió a conceder un gol en una acción de estrategia, un pesado lastre que se repite. Continuará trabajando en ello Márquez durante la semana, para abordar el desafío que aguarda el próximo domingo en Castalia, a las 17.00 horas, ante el Real Murcia de Mario Rosas y Natalio Lorenzo, dos viejos ídolos de pasadas campañas.
Hoy, a partir de las 10.30 horas en la Ciudad Deportiva, se regresa a los entrenamientos. Objetivo Murcia: "Un partido vital", dijo Márquez; "nos jugamos mucho, es un rival directo, y dejar de ser colistas nos daría un plus de motivación", se extendió Palanca.