JORDI RUIZ CASTELLÓ
Son jóvenes, están preparados y llevan varios años asumiendo importantes responsabilidades políticas. Los nuevos valores del PP castellonense piden paso y aspiran a asumir las riendas del partido, controlado desde hace dos décadas por el todopoderoso Carlos Fabra y su guardia pretoriana.
El máximo exponente de la nueva generación popular es el alcalde de Castelló, Alberto Fabra. La crisis del PP valenciano ha aupado al primer edil a un destacado lugar en el organigrama regional del partido, donde ejerce de coordinador general. Su nombre cotiza al alza y llegó a sonar para sustituir a Francisco Camps, muy debilitado por el "caso Gürtel". Alberto Fabra es uno de los hombres de máxima confianza de Camps y su ámbito de crecimiento político es el autonómico.
En la esfera provincial, el futuro recae en la figura de Javier Moliner, vicealcalde de Castelló y adjunto a la presidencia provincial del PP. Con apenas 34 años, es la persona llamada a suceder a Carlos Fabra. De momento, el mandatario popular no ha hecho ninguna cesión de poder a su adjunto, que aguarda con paciencia su momento.
Por debajo de éstos, se sitúa una amplia nómina de políticos, que han visto taponada su progresión en el PP castellonense. Un caso significativo es el de Isabel Bonig, que recuperó para el PP la alcaldía de la Vall d'Uixó, pero a quien se ha negado el mando del partido en el municipio, en contra de lo que es habitual. La presidencia local se la ha quedado Vicent Aparici, quien pretende garantizarse su continuidad en la política provincial.
Otro valor en alza es el alcalde de Nules, Mario García, a quien muchos ven como futuro hombre fuerte del partido en la Plana Baixa. El alcalde de Vila-real, Juan José Rubert, ha superado con creces las expectativas y ha relevado con solvencia a su predecesor en el cargo, el histórico Manuel Vilanova. Son varios los que creen que Rubert ha de asumir más protagonismo en el partido, como representante del segundo municipio más importante de la provincia.
Hablar del PP en el Alto Palancia es hablar del diputado Miguel Barrachina. El segorbino es una pieza imprescindible para la formación conservadora. Con sólo 40 años, ha sido parlamentario nacional y autonómico y llegó a ocupar una dirección general en el Ministerio de Trabajo en el gobierno de Aznar. Además, ha conseguido abrirse un hueco la calle Génova, sin perder nunca de vista la política provincial.
Figura emergente es la de Andrea Fabra, hija del presidente provincial. La diputada debe el cargo político a su padre, pero se ha ganado el respeto de las bases por su trabajo en el Congreso y el partido. Andrea Fabra ocupa un lugar destacado en la cúpula regional del PP, como secretaria ejecutiva de Política Social. El ondense Rubén Ibáñez desempeña un papel capital en la diputación, de la que es vicepresidente. Ha demostrado su capacidad de gestión en el ámbito social y su talante conciliador en el área de personal. El alcalde de Peñíscola, Andrés Martínez, será el referente del partido en la zona norte de la provincia. Muchos lo ven en la diputación, relevando al histórico Luis Tena, y otros lo sitúan en las Corts Valencianes. Martínez también forma parte de la cúpula autonómica. Otros nombres destacados son los de Araceli Peris, Beatriz Gascó o Marcelino Domingo. En las manos de todos ellos está escrito el futuro del PP.