PILAR OLAYA
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Lejos de sentenciar la eliminatoria de octavos de final de la Copa del Rey, el Villarreal CF mostró su peor cara ante un conjunto, el Celta, que mereció más, sobre todo en la segunda parte. Los amarillos no supieron aprovechar la ventaja en el marcador y se mostraron apáticos, y lo que es peor, renunciaron a la posesión del balón, una de las esencias que caracteriza a este equipo y del que hizo gala ante el mejor Barça de la historia. Pero la verdad es que la Copa no se le da nada bien a los castellonenses, quienes no encuentran la motivación necesaria ante equipos de inferior categoría. Al menos el empate favorece a los amarillos, a los que les sirve un 0-0 en El Madrigal para pasar a cuartos, aunque mucho deben cambiar la cara para evitar que los gallegos se conviertan en la sorpresa de la Copa.
Ernesto Valverde volvió a hacer rotaciones y sólo mantuvo a cuatro hombres del once inicial que tan bien le funcionó ante el FC Barcelona. Uno de ellos fue Diego López. El técnico cacereño optó por la seguridad que le da bajo palos el meta internacional en detrimento de Xavi Oliva. El que sí tuvo su regalo de Reyes fue el jugador del filial Joan Oriol, quien, debutó a lo grande en el lateral izquierdo supliendo a un tocado Joan Capdevila. Buen papel el ejercitado por el canterano. No se puede decir lo mismo de Ibagaza, que en su regreso al equipo tras superar su lesión, se mostró bastante descafeinado en la medular.
Las cosas no pudieron empezar mejor para el Villarreal. En su primera y única llegada a portería Giuseppe Rossi aprovechó un excelente pase entre líneas de Cani,y la inapropiada salida del meta Joel para subir el 0-1 en el marcador. Un tanto que llegaba después de que Trashorras pusiera en evidencia la mala comunicación entre la defensa y la línea de mediocentro liderada por Eguren,tras tres llegadas al área amarilla consecutivas, que por fortuna Diego López atajó sin problemas.
La ventaja en el marcador ayudó pues al conjunto de La Plana a calmar los nervios iniciales y a llevar el control del partido, como era de esperar ante un conjunto de la Liga Adelante, que nada tiene que ver con aquel Celta que ilusionó a todos en la Champions.
Los locales se acercaban tímidamente al área amarilla y mientras tanto el submarino aprovechó otra contra para que Llorente marcase el segundo, tras una magnífica cesión de Rossi, que sin embargo no subió al marcador por una decisión errónea de Turienzo Álvarez, quien decretó un fuera de juego inexistente.
Una lástima pues los de Valverde pasaron de haber podido dejar sentenciado el partido en la primera parte, a ver como Arthuro conseguía el empate justo un minuto antes del descanso. De nuevo fue en una acción a balón parado, la asignatura pendiente de este Villarreal que bajó los brazos demasiado pronto.
Cambios improductivos
Los amarillos volvieron a mostrar su peor cara en el inicio de la segunda mitad, donde sólo la falta de calidad de los jugadores del Celta impidió convertir alguna de sus peligrosas llegadas al área. Ernesto Valverde tomó cartas en el asunto y sacó del campo a Ibagaza, falto de ritmo de partido, y además introdujo a David Fuster, que últimamente se ha convertido en el hombre gol de confianza del técnico, tras conseguir marcar a todos los grandes contra los que ha jugado.
Los cambios no sirvieron para que el Villarreal cambiase el rumbo del partido. Lejos de ello, dio la pelota al Celta, quien se desgastó físicamente intentando una y otra vez conseguir la victoria. Una motivación que no mostró el submarino, que prácticamente no chutó con peligro entre los palos hasta el minuto 80, cuando Joel atajó un tímido disparo de Fuster.
Pareció que los amarillos se quitaban un peso de encima cuando el árbitro pitó el final del encuentro, pues al fin y al cabo a los de La Plana le basta un 0-0 en El Madrigal para pasar a cuartos.