N. SORIANO CASTELLÓ
Todas las personas han vivido alguna situación que prefieren no recordar ni que nadie conozca. En ocasiones son cuestiones banales a las que la propia persona da más importancia de la que tiene. Otras se trata de verdaderas crisis que marcan la existencia y que, si no remedias, pueden destrozarte la vida. A veces las ocultas porque no te enorgullecen y otras, simplemente, por el miedo al rechazo social. Es el caso de I. S. Z., vecino de Castelló que ha logrado salir del mundo de la droga.
A él no le importa hablar de su enfermedad pero prefiere ocultar su rostro por miedo a represalias. Es el precio a pagar por la falta de tolerancia de esta sociedad. Todavía se emociona cuando recuerda las noches que pasó durmiendo en la calle, el rechazo de su propia familia y la soledad de convivir con la cocaína. Y se emociona todavía más cuando ve que, ahora, está trabajando, totalmente integrado en la sociedad, ha recuperado el contacto con sus hermanos, su madre y su hijo y está ilusionado con un nuevo amor.
Su propio carácter ha cambiado. Ya no es el joven de 20 años "egoísta, mentiroso y oportunista que únicamente trabajaba para tener dinero para consumir". "Ahora lucho por estabilizarme". Ya en la cuarentona es un hombre con responsabilidades laborales, económicas y sociales a las que se enfrenta sin miedo y desde la abstinencia. Afortunadamente, las drogas no le han dejado secuelas físicas por lo que la gente no lo relaciona con ese mundo. "No tengo problemas en reconocer lo que fui si alguien me lo pregunta pero estos temas hay que saber explicarlos porque son difíciles de entender". Es su historia -dice- "todos tenemos la nuestra, no me la pueden quitar". Pero la historia se puede cambiar. Desde 1995 y hasta 2005 I. S. Z. estuvo sin consumir. Recayó pero con sus ganas y el apoyo de la Fundación Patim consiguió pasar al otro lado de la línea blanca. Le ayudaron a estructurar su vida. A levantarse por la mañana, lavarse, hacer todas la comidas, inculcarle hábitos saludables y a buscar empleo. "Hasta que no encuentras trabajo y te sientes útil no te crees que estás rehabilitado". Pese a todo asegura que "decir que estás curado es bajar la guardia".