ENRIQUE BALLESTER CASTELLÓ
La noche descendía al fondo, gélida tras la grada, cerrada y opaca, indescifrable como el acertijo imposible en el que se ha convertido la temporada para el CD Castellón, que ayer empató a cero ante el Levante UD en un partido que se aceleró en un segundo tiempo vertiginoso, y en el que el fútbol fue más cruel que nunca con los albinegros, que expusieron más y mejor que sus rivales, la fe sin freno y el latido que no cesa, contra la inercia y la fortuna, para estrellarse en el dolor de la última curva, en los dos remates francos de Palanca que se toparon con la madera, anclando al cuadro de Bartolomé Márquez en la posición de colista, a diez puntos de los puestos de permanencia.
El envite amaneció perezoso, y el brioso arranque de los locales fue breve. Pronto, sin grandes dificultades, sujetó la zaga del Levante el ímpetu albinegro. Un par de diagonales de Palanca, algún balón que descolgó Ulloa con criterio y un par de visitas de Rafita al vértice del área, sin puntería, y sin precisión ante un Manu que no ensució los guantes en la primera mitad.
Es algo habitual en el Castellón de las penurias actuales, perder el paso de la batuta, incapaz de prolongar sobre el césped las buenas intenciones y los buenos momentos. Arranca en plan gobierno, pero se dispersa, entre lagunas.
El Levante, por su parte, rivalizó en incapacidad, y el único aviso serio para Lledó fue un cabezazo potente, tras la salida de un córner, del veterano Ballesteros, que se marchó desviado. A poco del final, Rubén, que se había pasado el primer tiempo rodando por el césped, construyendo un prejuicio monumental y merecido, cayó en el balcón del área tras un forcejeo con Zamora, con la carrera ganada. Reclamó penalti pero vio amarilla por simular, en una acción tan dudosa como dos que protagonizó Palanca en el segundo tiempo. El colegiado, en todas, miró hacia otro lado.
Un perfil más ofensivo
El Castellón, de entrada, había presentado su perfil más alegre y ofensivo. Dos laterales profundos, Rafita y Diego Reyes; Gari Uranga en la labor de organizador, con Mantecón; Palanca y Páez en los costados, y Nico Medina mezclando con Ulloa en punta. Márquez puso lo que tenía, pero ocasiones reales no hubo hasta el paso por el vestuario. Apenas un testarazo pifiado de César tras una rosca de Uranga y, antes y después, un catálogo de imprecisiones, en controles, pases y demás suertes futbolísticas.
Sin pasar apuros, pues, pero sin agitar corazones, llegó el Castellón al intermedio. Con el campeonato escurriéndose un poquito más, apurando el margen de maniobra. Porque anoche la victoria se antojaba casi innegociable, dada la crítica situación en la tabla, las alturas del curso, y el triplete de contiendas a domicilio que aguardan al que es, con diferencia, el peor equipo fuera de casa del torneo.
Sea como fuere, llegó la hora de los valientes. En el inicio del segundo acto, el partido derivó en un intercambio de golpes a quemarropa, sin protecciones, y sin red de seguridad. En caso de hincar la rodilla, el descalabro se hubiera consumado. De haber noqueado al rival, el clavo al que aferrarse se hubiera presentado claro en el horizonte, ya se sabe, el punto de inflexión, el nuevo aire. Y, si como ocurrió, el combate termina en tablas, cobran importancia unos matices que se resumen en la última estampa. La afición del colista despidiendo a sus guerreros con aplausos. Ese gesto caluroso, ese guiño al coraje y al esfuerzo, es la compañía que tendrá el equipo en su temible viaje por la península.
Así, con Castalia en tensión, asomó primero el Levante, con Javi Guerra revolviéndose desde cerca, disparando alto. Las respuestas se sucedieron, con frenesí. Rafita engarzó por fin una buena rosca, que Palanca cabeceó en área pequeña, interponiéndose Rodas en la trayectoria del gol.
Una acrobacia de Ulloa
A continuación, Xisco Muñoz sentó en una baldosa a Diego Reyes, y luego limpió a Zamora, para cruzar un centro chut que arañó sin éxito Gorka Larrea; y la réplica no se hizo esperar, cuando Reyes alcanzó la línea de fondo y picó una pelota templada que remató Ulloa en acrobacia, forzado.
Sin respiro, y sin freno en el centro del campo, sin filtros ante la ríada de raza y orgullo albinegro, llegó un momento en el que al Levante le fue costando pisar zonas de peligro, con excepción de una falta de Samuel que desvió en su vuelo Lledó.
Palanca entonces abrió una brecha, y dibujó una diagonal de derecha a izquierda, hasta zumbar de zurda en la media luna, directo a la madera. Palanca acumuló la atención de todos los focos, y su cara frustrada, sus gestos de impotencia, reflejaron el sentir "orellut". Al filo de la hora de partido, atacó con temor una volea siniestra, con el portero fuera del arco, que se enredó en su bota para no ser gol. Como tampoco lo fue otra similar de Mantecón, pifia, y la más clara de la noche, y la más humillante. Un robo del incansable Ulloa, el pase acertado de Mantecón, el control, y el disparo de Palanca, bueno, académico, sobre la testa del arquero Manu, donde la definición es imparable, deseando el tanto que hubiese sido un premio redentor, una alegría de puños cerrados y sueños de salvación, y fue, en dura realidad, otro anhelo estrellado en el travesaño.
Los diferentes resultados acaecidos en la parte sabatina de la vigésima jornada de la Liga Adelante, dejan al cuadro entrenado por Bartolomé Márquez a diez puntos de distancia de los puestos de permanencia.
Los pupilos albinegros, eso sí, tienen un partido menos, el pendiente de disputar ante la UD Salamanca en el Helmántico, suspendido por la nevada que azotó a la ciudad castellana el pasado fin de semana.
Ayer, por la zona baja, el Real Murcia venció a domicilio a Las Palmas, por cero goles a tres. El Cádiz, por su parte, empató a cero con el Huesca, y el Girona igualó a dos en su feudo ante el Albacete.
El Real Betis, por su parte, venció por un gol a cero al Salamanca. Y la Real Sociedad afianzó su liderato al imponerse por la mínima al Real Club Celta de Vigo en Balaídos. e.b.castelló