S. PITARCH CASTELLÓ
La catástrofe de Haití ha movilizado a la comunidad internacional que se ha volcado para enviar miles de millones en ayuda humanitaria. Además, miles de personas se han prestado como voluntarios para viajar al país caribeño a prestar sus servicios. Ese es el caso de seis bomberos del Cuerpo Municipal que partieron ayer para prestar sus conocimientos en las tareas de rescate y desescombro.
Los seis castellonenses viajan junto al equipo especial de rescate con perros de los bomberos de la Comunidad de Madrid y allí ayudarán en la "búsqueda de supervivientes, desescombro, reparto de alimentos o montaje de plantas potabilizadoras", explicó Víctor Martí, coordinador de la misión e impulsor de la idea.
Para Martí, poder representar a los bomberos de Castelló en este viaje "es un orgullo", ya que "el trabajo de los bomberos no sólo se debe limitar a nuestra comunidad más próxima. Esto es una vocación".
Otro de los bomberos que viajará a Haití es Fernando Halcón. "Todavía esperamos encontrar con vida a alguien, aunque sabemos que será muy difícil", manifestó, consciente de que hace ya ocho días que se produjo la catástrofe y las posibilidades de encontrar alguna persona con vida son mínimas.
Halcón reconoce que la misión tiene su peligro ya que todavía se pueden producir réplicas del terremoto. Además, la situación de los supervivientes es caótica, ya que muchos todavía no tienen acceso a comida y agua. También las epidemias a causa de la gran cantidad de cadáveres.
"Vamos preparados para todo, además, nos han garantizado la seguridad", manifestó este bombero que se mostraba tranquilo antes de partir. Los que no estaban tan sosegados son las familias de los seis voluntarios. "En un principio les gustó mucho la idea, pero ahora que partimos, sí que están preocupados", afirma Halcón, padre de un niño y una niña de no más de cinco años.
La misión de los castellonenses durará cinco días, más los traslados desde la capital de la Plana y el regreso. Cinco días en que prácticamente no descansarán puesto que la situación es extrema y la necesidad de ayuda grandísima. "El reloj corre en nuestra contra", comenta Halcón.
Pero si los seis que se van son la imagen de la solidaridad. Los compañeros que se quedan, muchos de ellos también se prestaron voluntarios, realizarán sus turnos durante su ausencia, sin que eso le cueste un duro a las arcas municipales. Una voluntad que ha hecho más fácil la partida.