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Una victoria atada con pinzas

El Villarreal le endosa tres goles en media hora al Real Zaragoza y se complica la vida en el segundo tiempo El acierto ofensivo fue clave para sumar tres puntos ante el penúltimo clasificado El "submarino" desapareció en el reinicio y a punto estuvo de estropear el triunfo

 
El lateral izquierdo del Villarreal Joan Capdevila celebra el primer tanto del encuentro, dedicándoselo a su ex compañero en el Deportivo Filipe Luis.
El lateral izquierdo del Villarreal Joan Capdevila celebra el primer tanto del encuentro, dedicándoselo a su ex compañero en el Deportivo Filipe Luis.  acf
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ALEXIS RUBERT VILA-REAL
Todo plan es perfecto si sale a pedir de boca, cantaba Sergio Makaroff a finales de los noventa. En otras palabras, todo sirve si el objetivo se cumple. Lo importante ayer en El Madrigal era el triunfo del Villarreal CF y se logró. Ahora bien, no pasa desapercibida la mala segunda parte del conjunto amarillo y algunos errores que se cometen de forma sistemática y que ayer estuvieron a punto de privar de los tres puntos al conjunto local, que se enfrentaba a un Real Zaragoza que ocupa la penúltima posición de Primera División y con el que se complicó la existencia de manera totalmente innecesaria.
A los tres minutos de juego, una volea de Cazorla obligó a Carrizo a meter la mano. El argentino desvió el cuero y lo mandó hacia el palo. El rebote, con habilidad, lo pilló Capdevila para marcar a placer. Era una buena noticia para el Villarreal, pues nada mejor que anotar primero para tranquilizar el juego ante un rival que presionaba muy bien el centro del campo para impedir que el submarino pudiera crear. En defensa, los locales continuaban perdiendo balones peligrosos, ora Marcano ora Godín o Ángel, pero por fortuna llegó el segundo tanto que maquillaba los fallos. Rossi le envió un pase al hueco a Nilmar. El brasileño volvió a demostrar su calidad y tras ganar en carrera a dos defensas encaró al portero y le soltó una vaselina demoledora. Dos a cero. Todo pintaba mucho mejor.
El planteamiento de José Aurelio Gay, entrenador del Real Zaragoza, no era nada malo. Cuatro atrás y dos hombres por delante de la defensa dando metros a una tripleta que conectaba con el recién incorporado Suazo. Valverde, por su lado, pudo contar con Diego López en portería, superadas sus molestias, y apostó por darle descanso de inicio a Cani, incorporando a Pirès, y a Nilmar y Rossi en ataque.
Con la precisión de un cronómetro, Senna vio a Rossi adelantado y trató de sorprender a la defensa aragonesa al contragolpe. Recogió el cuero Rossi y el italiano encaró a Carrizo para lograr el tercero. Bendita efectividad del Villarreal, que aunque no era el equipo de siempre había conseguido mediante ella la calma necesaria para afrontar el resto del encuentro.
Apenas dos minutos después del gol de Rossi, el italiano era derribado dentro del área del Real Zaragoza tras un empujón de Paredes. Era penalti claro, pero Teixeira Vitienes se desentendió de la jugada. Es la costumbre adquirida por algunos colegiados de no agravar la situación de la víctima aunque ésta haya cometido infracción. La afición sacó los pañuelos... y los paraguas, porque aparecía el líquido elemento.

Desaparecido
No había suficiente castigo con aguantar la lluvia y el frío que el Villarreal desapareció con el inicio del segundo tiempo. No tenía el control de la pelota, se manifestaba cansado, se seguían cometiendo fallos en la línea de cuatro de la zaga... lo único positivo era que el Real Zaragoza no se aclaraba a resolver en los últimos metros, presa de la situación deportiva y económica que vive en este momento.
Ibagaza sustituyó a Pirès y Cani a Senna, ya que el hispano-brasileño solicitó el cambio al recibir un golpe en la zona lumbar. La savia nueva podía aportar algo de intensidad. Lo deseaban todos los presentes en el estadio, pues el submarino se había extraviado. Y desapareció tanto del partido que Eliseu anotó el primer gol del Zaragoza superado el minuto setenta. Remató solo el jugador del equipo maño, pues nadie en la banda derecha le defendía. Recortaba distancias el equipo visitante, con el agravante de que se veía venir como en otras tantas ocasiones anteriores.
Cuando un equipo se borra del partido, las consecuencias pueden ser fatales y el gol de Eliseu sólo anticipaba el que anotó Lafita poco después. En una jugada donde no se despejó el balón de forma correcta del área propia, Lafita se benefició del rebote para batir a Diego López y meter el miedo en el cuerpo de los amarillos. Por desgracia, ya no resulta increíble la inconsistencia del Villarreal, condenado a sufrir en los minutos finales por sus propios errores. Estaba a merced de un rival venido a menos y a punto de desperdiciar la ventaja de tres goles. Por suerte volvió a aparecer Nilmar para protagonizar otra carrera y cederle el cuero a Ibagaza para que metiera el cuarto. Triunfo sí, pero con muchas pinzas.

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