NEREA SORIANO CASTELLÓ
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El Ministerio de Sanidad ha alertado del riesgo de intoxicación tras la ingesta de caracoles recogidos de manera clandestina ya que pueden estar afectados por el metaldehido, un plaguicida de uso habitual entre los labradores. Según fuentes del ministerio consultadas por Levante de Castelló, el metaldehido tiene un potencial tóxico difícil de controlar si el caracol se adquiere fuera de la cadena alimentaria. "Si se consume, se está incurriendo en un riesgo de una posible intoxicación. No se sabe en qué grado, pero la ingesta de esta sustancia conlleva un problema de salud", añaden las mismas fuentes. Desde el ministerio se recomienda que los caracoles se adquieran en los comercios con todas las garantías y después de haber pasado por los controles pertinentes.
El primer síntoma de envenenamiento por metaldehido en caracoles y babosas es la abundante secreción de mucosidad. Este proceso afecta a las células mucosas dejando al molusco inmovilizado. Al no poder recuperarse por medio de la absorción de agua, queda expuesto a la deshidratación y muere en apenas unas horas. Cuando el recolector lo hace para consumo propio suele dejar pasar un tiempo para que el molusco purgue dichas sustancias o retirar los muertos antes de cocinarlos, pero cuando se trata de caracoles comercializados se corre el riesgo de que puedan haber ingerido metaldehido.
Expertos consultados por este periódico apuntan que es "improbable" que se produzca una enfermedad grave tras la ingesta de caracoles en mal estado. En cuanto a su toxicidad por consumo repetido de dosis pequeñas "no hay nada descrito". En base a la bibliografía consultada, los especialistas dicen que "no hay referencias a ningún caso de intoxicación por esta sustancia por el consumo de caracoles, ni de ningún otro alimento".
Las recomendaciones surgen después de que esta semana se conociera que la Guardia Civil está buscando a un grupo organizado que se dedica a la recogida masiva de caracoles en los campos de Castelló, que habrían obtenido cientos de kilos de este molusco para revenderlos en Lleida, supuestamente, dentro de la industria cosmética. La alarma saltó después de que una empresa afectada del sector alimentario denunciara los hechos, al margen de los daños producidos en las propiedades donde se recogían los caracoles.