NACHO MARTÍN CASTELLÓ
La Generalitat Valenciana comenzó en febrero de 2009 las obras de encauzamiento del barranco de Fraga, después de 18 años de demoras, con un plazo de ejecución de 36 meses y un presupuesto de 24,5 millones de euros. Las primeras actuaciones se financiaron en 2009 con una partida de 8,5 millones de euros aportados casi al 50% por la Generalitat Valenciana (4 millones de euros) y por el Gobierno central a través del Fondo de Compensación Territorial (4,5 millones de euros).
Esta infraestructura se había convertido en una de las reivindicaciones históricas de la capital de la Plana y considerada de prioridad alta en el Plan de Acción Territorial y Riesgo de Inundaciones de la Comunitat Valenciana (Patricova).
La canalización del barranco tiene como objetivo prevenir el riesgo de inundaciones en las urbanizaciones de la zona sur de la ciudad y pondrá fin a una situación de riesgo que se acrecenta cada vez que acontecen episodios de lluvias torrenciales. Las promesas y anuncios políticos se remontan al año 1991.
La Conselleria de Territorio confirmó ayer que está a la espera de un informe de la Conselleria de Cultura para decidir si modifica el trazado del encauzamiento del Barranco de Fraga para proteger los restos arqueológicos de la villa romana aparecida en el Camí Villamargo.
No pasa desapercibido que el proyecto contempla que la canalización discurra precisamente por el enclave en el que ha aflorado uno de los hallazgos más relevantes de la última década en materia de patrimonio arqueológico en la capital de la Plana.
De mantenerse el trazado actual del encauzamiento, este yacimiento arqueológico sería destruido y no podría ponerse en valor para su utilización como atractivo cultural, turístico y didáctico.
La voluntad de garantizar la protección de los restos fue manifestada por el gobierno del ayuntamiento (PP) y por el grupo municipal socialista, que considera que se trata de una buena oportunidad para aprovechar uno de los escasos patrimonios arqueológicos de entidad de los cuales puede disfrutar la ciudad castellonense.
Datada entre los siglos I y III d.C.
Las excavaciones arqueológicas de las obras del barranco de Fraga han sacado a la luz los primeros hallazgos romanos documentados de la historia de Castelló en el Camí Villamargo, a escasos 200 metros del cruce con la autovía de los accesos al puerto.
Estos trabajos abarcan ya más de 3.000 metros cuadrados de extensión y han hecho aflorar una villa patricia romana datada entre los siglos I y III d.C, un momento en el que el imperio se encuentra en plena crisis y la nobleza adinerada de Roma se dispersaba para instalarse en las provincias.
La construcción hallada en Villamargo, en el entorno del Caminàs, refuerza la tesis de que la Vía Augusta discurrió por esta calzada de origen íbero que conecta con otros emplazamientos romanos localizados en la provincia como la villa de Benicató en Nules, Vinarrajell en Burriana o el Mas d'Aragó en Traiguera.
En el caso de los restos de Villamargo, se puede distinguir a la perfección la planta de una villa de grandes dimensiones -orientada al mar- que poseía un pórtico con columnas y diversas instalaciones complementarias donde se podrían albergar termas, cocinas, un taller de alfarería, cuadras, bodegas y almacenes para acumular el grano. Los materiales de las paredes, las vasijas de cerámica y las tejas propias de la arquitectura romana no dejan lugar a dudas sobre la importancia de uno de los descubrimientos arqueológicos más relevantes de los últimos años en la capital de la Plana, del cual han tomado buena nota los arqueólogos de Cultura.