J. A. CASTELLÓ
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"Los ciegos ya no podemos entrar en un bar de Castelló con nuestros perros. Esto es una vergüenza, nos tratan como si fuéramos apestados". Coloma Carmona, una invidente de 54 años, está harta de que la inviten a abandonar los bares y restaurantes cuando la ven entrar con su perra Hali. Se queja de que los hosteleros aún no saben que tienen la obligación, por ley, de permitirle el acceso al local. "Si los dueños de los locales no se saben la normativa qué vamos a decir de los camareros. Todos te dicen que salgas", explica.
Ayer por la tarde, Coloma entró con un amigo a un bar muy próximo al Paseo Ribalta cuando la camarera no tardó ni dos minutos en salir de la barra para indicarle que no podía estar allí con el perro lazarillo. "Era una chica extranjera, y entiendo que no sepa las normas españolas, pero para eso debe estar el encargado, para informarla de nuestros derechos como personas invidentes", añade.
La camarera, al ver que Coloma se mantenía sentada a la mesa negándose a abandonar la cafetería, la amenazó con llamar a la Policía. "Y yo le dije, pues muy bien, ahora voy a ser yo quien llame al 092", asegura. Cinco minutos después llegaba al local una patrulla de la Policía Local, que informó a la empleada de que la mujer tenía derecho a permanecer con su animal en el bar. La propietaria, por su parte, asumió el "mal entendido" y en todo momento admitió que había sido un error de la camarera. Finalmente la patrulla de la Policía Local se marchó del restaurante y Coloma, su amigo y Hali decidieron irse también.
"El problema es que en Castelló ningún hostelero se sabe la normativa en vigor. Esto nos pasa hoy y nos volverá a pasar mañana. Si quiere podemos entrar en este otro bar y ver cómo sucede lo mismo", insiste el amigo de Coloma.
Denuncias
La mujer asegura que el pasado año le ocurrió un episodio muy similar en un restaurante del Grao. En aquella ocasión sí decidió denunciar y la queja interpuesta terminó mal para los dueños del negocio. "Cerraron el local porque no tenían licencia. Nosotros, las personas invidentes, vamos a nuestras cosas, no tenemos ganas de meternos en líos. Pero cuando pisotean tus derechos tienes que reaccionar", dice Coloma.
La ordenanza municipal castellonense permite la entrada de lazarillos a los locales públicos. Además, el pasado mes de noviembre el Parlament de Catalunya amplió la cobertura legal de las personas con discapacidad y aprobó una orden mediante la cual dispone que "los cachorros de las personas ciegas pueden acceder a cualquier lugar público". Según los expertos, las crías tienen que ir acostumbrándose a los lugares a los que luego irán con los usuarios, ya sea un cine, la ópera, un hospital o un museo. Se trata de defender los derechos de las personas que tienen que utilizar perros lazarillos para su normal desenvolvimiento. Un aspecto interesante de la nueva normativa es que no se limita a las personas con discapacidad visual, sino que se amplía a todas aquellas con carencias auditivas, autismo, etc. Decenas de discapacitados se benefician cada día de estos perros-guía.