JOSEP DOMINGO CATÍ
Hay quien dijo que los religiosos de la Edad Media supieron cuándo celebrar las peregrinaciones y procesiones pidiendo lluvia. En la primavera los cielos acostumbran a cerrarse y a ofrecer días como los de ayer, en el que el interior de Castelló se vio sacudido por numerosas tormentas que perturbaron a los caminantes que se dirigían hacia una ermita. Lo padecieron, entre otros, los vecinos de Catí que ascienden hasta Sant Pere de Castellfort y los numerosos caminantes que se les suman cada año para llegar hasta la ermita situada a más de 1.200 metros de altura. Fue un día desapacible para la ruta, pero eso no amilanó a centenares de personas que, puntuales, a las ocho de la mañana, salieron desde Catí. Una procesión de hombres y mujeres provistos de capas negras inició el recorrido desde la iglesia de Catí, que luce sus relojes de sol recién restaurados. Tras ellos, caminantes y muchos jinetes, ya que la ruta también se convierte en un recorrido ideal para los caballos. Los caminantes atravesaron los términos municipales de Catí, Ares, Morella y Castellfort para llegar a la cima. Allí les estaban esperando centenares de personas que vieron cómo se cocinaban las calderas de arroz con alubias, que todos los años ofrece la organización a los caminantes. A fuego lento se cuece este manjar que degustan los exhaustos peregrinos de la ruta. Por otro lado, els peregrins de Les Useres regresaron ayer a la localidad después de haber andado setenta kilómetros.
También en Morella iniciaron ayer su tradicional camino que les lleva hacia Vallivana y en el que participaron más de 700 personas. Por último, los vecinos de Todolella fueron los primeros en celebrar la fiesta de Sant Cristòfol de Saranyana.