JORDI RUIZ CASTELLÓ
El PP castellonense funciona con el piloto automático desde que Carlos Fabra está de baja por enfermedad. En los tres últimos meses, no se ha reunido el comité ejecutivo ni la junta directiva provincial, máximos órganos del partido. Tampoco se celebran las habituales reuniones de "maitines" en la diputación, en las que el comité de dirección presidido por Fabra marcaba las líneas de acción política.
El vacío de poder y la falta de liderazgo en el partido son evidentes y nadie ha cogido decididamente las riendas. La figura del adjunto a la presidencia, Javier Moliner, está consolidada y la inmensa mayoría del partido -excepto algunos focos de resistencia en la diputación- acepta su designación como sucesor. Como también acata la tutela del coordinador regional, Alberto Fabra.
El problema es la situación de provisionalidad. En teoría, la ausencia de Fabra es temporal y todos esperan que se reincorpore a la actividad política en cuanto se recupere de su delicada intervención de trasplante de hígado, lo que llevará varios meses. En esas circunstancias, nadie se atreve a ejercer el papel de presidente provincial por temor a que las bases lo perciban como a un "Juan sin tierra", como un usurpador del trono en ausencia del rey, sin la bendición del pueblo.
El "respeto" al presidente ausente es el motivo que algunos esgrimen para justificar por qué no se convoca al comité ejecutivo provincial ni a la junta directiva. "Se quiere evitar una foto del partido sin Fabra", señalan algunas fuentes. El reglamento interno del PP provincial establece que el comité ejecutivo, órgano de gobierno, tiene que reunirse una vez al mes; y la junta directiva, máximo órgano entre congresos, al menos una vez cada cuatro meses. Aunque, como recuerda un destacado dirigente, aun con Fabra, siempre se han sobrepasado los plazos que marca el reglamento y las reuniones no se celebran nunca con regularidad.
Última convocatoria
La última vez que se convocó al comité ejecutivo y a la junta directiva fue a mitad de febrero, justo el día en que se conoció el archivo de una de las causas de Fabra. También el día en que el líder provincial dijo no tener tiempo para morirse y manifestó su intención de vivir hasta los 92 años, saliendo así al paso sobre las especulaciones sobre su estado de salud. Un mes después, delegó sus poderes en la diputación de manera indefinida para someterse en Madrid a un trasplante de hígado.
Sin Fabra, tampoco se producen ya los habituales "maitines" de los lunes. Como si se tratara de la sede provincial del PP, el presidente provincial citaba en la diputación al comité de dirección del partido (según el reglamento, tiene que convocarse una vez a la semana) para marcar las líneas de acción política.
Ahora ya no se celebran estas reuniones en la plaza de les Aules. Otro destacado dirigente provincial admite que ya no hay "maitines" en la diputación, pero añade que "el partido sigue reuniéndose regularmente". El pasado lunes, por ejemplo, la secretaria general, Marisol Linares, citó en la sede a los responsables comarcales a una reunión de coordinación.
Fuentes conocedoras de dicho encuentro explican que se delimitó el ámbito geográfico de cada uno para evitar que se repitan "interferencias". Las incursiones de algunos destacados miembros de la diputación -como Vicent Aparici y Esther Pallardó- en determinadas zonas de la provincia, con el pretexto de la representación institucional, ha causado recelos en algunos barones comarcales.
Y es que hay un sentimiento generalizado de que el triunvirato que dirige actualmente la diputación (Aparici, Pallardó y Francisco Martínez) está más pendiente de su futuro político que de la institución provincial. Sus maniobras políticas -sobre todo en la renovación de agrupaciones locales, colocando a gente afín para garantizarse apoyos- no han pasado inadvertidas. La imagen de los tres ha quedado menoscabada tras el último pleno de la diputación, marcado por el caos en las filas del grupo popular.
Decisiones compartidas
La baja de Fabra se prevé que se prolongue varios meses. De momento, las decisiones se toman de manera mancomunada: las cuestiones de orden interno las despacha la secretaria general y las directrices las marca Javier Moliner, con la supervisión de Alberto Fabra. Aún falta un año para las elecciones municipales y autonómicas y el partido tiene el motor al ralentí. Conforme se acerque la cita con las urnas, las revoluciones subirán y los nervios aflorarán, sobre todo por la confección de las listas. Se supone que para entonces Fabra ya estará de nuevo al mando del partido para controlar su último proceso electoral como presidente.