J. A. CASTELLÓ
El 18 de octubre de 1999, los contactos de Fabra con altos funcionarios y ministros daban sus frutos y Agricultura aprobaba el ABAC, un poderoso acaricida agrícola. Por estas gestiones, Carlos Fabra pidió a Vilar 25 millones de las antiguas pesetas, cantidad que recibió mediante un anticipo "abonado por una empresa cliente de Naranjax".
A partir de ese momento, el intercambio de favores por dinero fue constante. Según el escrito del fiscal, Carmacas, la asesoría de Fabra, empezó a facturar a empresas del grupo Vilar -Naranjax, Artemis 2000 e Industrias Arcavi-. Para justificar los pagos, el presidente de la diputación llegó a vender a Naranjax unos supuestos informes bajados de Internet sobre seguridad e higiene en el trabajo. De esta manera el líder del PP cobró 3,4 millones de pesetas en el año 2000 y 9 millones en 2001. "Igualmente y con el mismo objeto, Carmacas facturó en 2002 a Artemis la cantidad de 72.121 euros y a Arcavi 5,8 millones de pesetas", según el fiscal.
Durante el periodo comprendido entre 1999 y 2004, Fabra y su esposa, María Amparo Fernández, tuvieron ingresos "que fueron ocultados a Hacienda y que no se corresponden ni con el patrimonio ni con la renta declarada por la pareja".
Así, Fabra obtuvo ingresos no declarados por 2 millones de euros mientras que su mujer se embolsó 1,6 millones. Esta ocultación -según el fiscal anticorrupción- dio lugar a que Fabra defraudara al fisco una cuota de 886.473 euros.