ENRIQUE BALLESTER CASTELLÓ
Sin deseo no hay nada. Sin deseo hay quietud y silencio, y eso sirve para poco. Sin deseo hay Dénia, y con él, Castellón. Con deseo, y con voluntad, nada hay imposible, según enseñan los muchachos sobre el césped, siguiendo aplicados las consignas del padre Casuco. Goleó el Castellón al Dénia ayer en Castalia, cuatro a cero, y la victoria pareció justa, inevitable y lógica, porque así lo quisieron unos y otros de principio a fin, y así se evidenció de un modo casi grosero en la jugada que terminó de rematar la contienda. El voleón al limbo de Castillo, al filo del descanso, mutó en inicio del éxito, porque donde dudó Aceitón tuvo hambre, empujado por el aliento de la grada, el zancudo Mamady, que arañó un córner junto a la cal que subrayó roles y despejó el panorama. Pol descolgó entonces el rechace que cazó el otro central, Castillo, cerrando el círculo dichoso en área pequeña, intuitivo ante la inacción de los visitantes, víctimas de su flojera. Y es que, ya saben: sin deseo, la muerte; con él, resurrección.
Asoma en el vestíbulo de la zona alta de la tabla, en un arrebato de euforia, el CD Castellón, alejándose de la tibieza, reforzando su fe tras sobrevivir a la dureza que deparaba el calendario en enero. Recorta puntos, y se instala a siete de la cabeza, a cuatro de la promoción, recuperando soldados para la causa y estirando la buena estrella del milagro de Dennis en Alcoi. Sin lujos, porque al equipo siguen sin sobrarle recursos, el Castellón ha aprendido a competir y a dejar huella en los territorios definitivos. Los que valen goles, puntos y partidos.
Anoche alternó picos y valles pero, en todo caso, se movió siempre sobre tierra firme. Ni se acercó el Dénia a la victoria, maniatado en la trampa que anudó con esmero, y conciencia colectiva, el Castellón. El cuadro local empezó a ganar, y fue mejor que con ella, el partido con lo que propuso sin la pelota. Emboscada a emboscada, robó a menudo en campo contrario, ahorrando peajes y evitando, en última instancia, que sus zagueros tuvieran que bracear en mar abierto.
Así, juntitos, todos cerca de todos, en la presión y en el apoyo posterior, el Castellón arribó a posición de jaque. Para dar ese plus que se necesita, tras el acecho, para cobrar prisioneros, apareció el faro de Luismi Loro, que compartió mérito con el ariete. Pau, de espaldas y en el pico del área, descargó un buen balón de cara a Loro, en la zona de enganche. Mientras Loro disparaba fuegos de artificio, en la maniobra de distracción (control, amague, recorte), Pau se movió sigiloso por el alambre. Uno y otro ajustaron cronómetros: Loro filtró el pase, Pau lo dejó correr y, escorado, la empujó a gol con la zurda.
A partir del uno a cero, creció el Castellón y crecieron varios jugadores. Lo hizo Aarón, sumando minutos y confianza. Y lo hizo Mamady Dianga, que funcionó orillado a cualquiera de los dos costados. El francés conectó con la grada, forzó el córner del reseñado segundo gol, y trazó los más bellos ornamentos, exhibiendo catálogo de danzarines regates. Más efectivo fue Dennis, que dio la asistencia del cuarto y provocó el penalti del tres a cero (lo marcó Loro, con suspense), ya en el segundo tiempo, y la expulsión de Primo, tras controlar el pase interior que coronó una talentosa acción de Héctor.
El cuatro a cero, antes de la ola, del ratito del juvenil Florin Andone, de las ovaciones varias y de los cánticos de Volveremos, fue el mejor regalo de la noche. Robó Luismi Loro en campo propio, avanzó Toño, y trazó el cambio de orientación Loro tras el toque de Aarón. Cerveró alargó la jugada para Dennis, que frenó, arrancó y levantó desde la profundidad el balón que empalmó Héctor de primeras. Golazo. Si hubiera dinero, se enmarcaría.