ENRIQUE BALLESTER CASTELLÓ
A menudo no es cuestión de hacerlo bien, o hacerlo mal. La vida no es tan fácil. Ni tan difícil. Las cosas se envuelven en éxito o en fracaso, y a veces no depende de uno. Sin que se sepa muy bien por qué, ocurre. En la matinal del domingo en Castalia, por ejemplo, al Castellón se le convirtió enseguida el partido en una agradable y reparadora tregua, una pausa entre batallas. En el minuto tres, Castillo acechó un córner sacado en falso, demasiado corto, por Héctor Simón, y la pelota se enredó entre piernas y brazos. El árbitro señaló el punto de penalti, y desde ahí no falló Luismi Loro para clavar la primera pica de la victoria más plácida de la temporada, dos a cero al final, sobre un Sporting Mahonés que justificó con creces la medalla de segundo peor visitante de la categoría.
Hacerlo bien, o mal. Decíamos. Hace unos meses, en la misma portería de Gol Sur, Loro enroscó mordida una falta, y la pelota terminó en gol. Ayer, hacia el cuarto de hora, realizó un golpeo de manual, pero se topó con la respuesta del portero, Moso. Y ayer, también, rato arriba rato abajo, en el área contraria, Rangel se equivocó en una salida a destiempo, sin necesidad, mostrando el camino al gol al delantero, Trujillo, que pifió clamorosamente el intento de vaselina. Hacerlo bien, o mal. Depende.
Antes, había marcado ya el Castellón el segundo. En el ecuador del primer tiempo, Toño alcanzó la línea de fondo, y descargó para Marc Cosme, que estuvo algo lento a la hora de cargar la pierna. En la reválida, el joven Cosme, que debutaba en Castalia, no falló. La jugada siguió, Dennis recogió el rechace y levantó el centro al área. Ahí se elevó Cosme para clavar el cabezazo a la cepa del palo contrario, con gracia, estilo y belleza. Si el espíritu competitivo del envite languidecía desde el tanto de Loro, el dos a cero mató cualquier inquietud restante.
A partir de ahí, ante la indolente actitud visitante, la mañana mutó en largo paseo albinegro. Lástima de viento, que molestaba, la única china en el zapato para un Castellón que vivió el encuentro más plácido que se le recuerda. Cruzó el partido hasta el minuto noventa, con tiempo para decir hola con la mano, mirarse en el espejo y ese tipo de cosas. No es que bastase con no cometer errores, es que, cuando se cometieron, no hubo problema, porque nadie se acercó siquiera a castigarlos. Ni a intentarlo.
El Castellón cumplió el trámite dejándose mecer, pues, confiado. El día sirvió para observar a Cosme, titular por vez primera en Castalia, tras el fugaz debut del pasado año. Le vino bien, como a todos, el uno a cero, y mejor, aún, como a cualquier delantero, marcar en su primer remate a puerta. Finísimo, cumplió en la intendencia, descolgó un puñado de balones y los presentó aseadamente al compañero más cercano. Agradeció los aplausos, al ser sustituido. Y cuando todo terminó, saboreó el momento, se acercó a la grada y repartió abrazos y sonrisas, con aire familiar. A todos nos pareció bien, y nos alegramos, claro. Seguramente el muchacho será el único que almacene el partido en la memoria.
El resto, pues ni bien ni mal, ya saben. Un respiro entre tanta carga emocional. Lázaro estropeó su buen partido tras el descanso, con pérdidas intolerables. Héctor Simón anduvo irregular, al trantrán, parecido a Luismi Loro, que marcó pronto, y luego no concretó una. Béjar se unió al festín del relajo y la irregularidad, y otro tanto se puede decir de Dennis, que inventó el pase-regate, al fallar el primer concepto y encontrarse con el segundo. En la recta final, salió Marenyà, y bueno, vale. Salió Aarón, que ha dejado de ser titular, sin mucha explicación. Y salió Florin, algo atropellado. Además, Pol hizo una cosa muy rara, medio tumbándose, para cabecear el balón a ras de césped. Fue curioso. Nos reímos. Ganamos. Coser, marcar y dormir. Y nos fuimos.