09 de septiembre de 2015
09.09.2015
La vida en verde

Tras las huellas de los 'masovers'

09.09.2015 | 11:39
Un grupo de senderistas recorre uno de los caminos de herradura que se ha recuperado.

Durante siglos fueron transitados por campesinos y mulos de carga, pero el abandono del mundo rural los sumió en el olvido. Un grupo de vecinos de Llucena trabaja en la recuperación de estas vías, que conectan con el pasado del municipio.

Un laberinto de senderos escarpados surca el término de Llucena, serpenteando por la falda del Penyagolosa y ofreciendo unas vistas espectaculares de la imponente montaña. Son los caminos de herradura (els camins de ferradura), humildes vías de comunicación que durante siglos fueron transitadas por esforzados campesinos a lomos de sus mulos. El desuso y la falta de mantenimiento ha provocado que la vegetación engulla buena parte de los caminos, sumiéndolos en el olvido. Desde hace dos años, Amics dels Camins de Ferradura trabaja en la reapertura, señalización y documentación de las rutas para la práctica del senderismo.

El colectivo ha recuperado media docena de caminos, con una longitud conjunta de 12 kilómetros. Antes de intervenir, los integrantes de la asociación consultan el catastro, ya que los caminos son de titularidad municipal. En ocasiones recurren a vecinos de edad avanzada que conocen por dónde discurrían los antiguos trazados. Una sencilla placa emplazada en uno de los caminos rinde homenaje a Juan Antonio Chiva, un vecino que colaboró en la recuperación de dos rutas antes de fallecer.

Tras despejar el trazado con una desbrozadora, los voluntarios los limpian, los marcan con pintura blanca y azul e instalan señales de madera. «Todo el material es de bajo presupuesto y lo compramos con el dinero que aporta voluntariamente la gente y alguna empresa», explica Joan San Bartolomé, coordinador de la iniciativa.

La labor realizada ha permitido sacar a la luz tramos empedrados y fuentes naturales que llevaban años ocultas. «Es admirable lo que hacían nuestro antepasados con tan pocos medios. El término de Llucena está enlazado de un extremo a otro a través de esta red de caminos», señala Joan San Bartolomé. Las rutas, con una anchura de un metro y medio, unían masías entre sí o con poblaciones. «Cuando enlazaba dos masías, cada propietario se encargaba de mantener una parte del camino, no había brigadas municipales», añade.

Los tramos recuperados son propicios para la práctica del senderismo. Amics dels Camins de Ferradura ha organizado varias salidas que han congregado a decenas de aficionados. Los caminos de herradura de Llucena ofrecen una panorámica inmejorable del macizo del Penyagolosa y conectan directamente con las raíces del municipio y sus gentes.

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