16 de octubre de 2015
16.10.2015

Conspiración

15.10.2015 | 23:57

El Castellón es una empresa que toma a sus clientes por idiotas. Lo hace de manera constante y, en realidad, eso no tendría por qué ser del todo malo. Muchas de las empresas más poderosas del mundo nos toman con frecuencia por imbéciles. Pero ocurre que todo tiene un límite y en Castalia se desbordó hace tiempo. Igual somos tontos, vale, pero no tanto.

El último capítulo del desvarío del club es el vídeo que denuncia los errores arbitrales en contra. Un vídeo tendencioso, claro, porque silencia errores a favor y porque tiene un recorrido tan corto, es tan obvio que no hay por donde cogerlo, que da hasta pereza argumentar cualquier crítica reposada que vaya más allá de pedir, por favor, que no nos cuenten más milongas.

Que nos ahorren estos ridículos. Que se los ahorren al club.

Tras el último partido en Castalia, Ramón Moya montó una escena por los pasillos de los vestuarios, a cuenta de la actuación arbitral. Salió por la zona mixta buscando periodistas y por suerte estábamos en sala de prensa escuchando a Calderé, que curiosamente este año pasa bastante en público del tema arbitral. Pero Moya no: cogió al pobre Roca por banda, que estaba grabando declaraciones del equipo rival. Moya contó la suya a gritos: que lo de esta temporada era un robo tras otro y que la prensa no tenía huevos a denunciarlo.

Por lo visto, como no le hicimos mucho caso, el club se ha inventado el vídeo unos días más tarde.

El suceso no pasaría del chiste y de la vergüenza ajena si no fuera el paisaje tal y como es. El Castellón, que hasta el descenso administrativo de 2011 nunca había estado en Tercera desde que se inventara la Segunda B, lleva siete jornadas sin ganar. Se puede decir que atraviesa la peor racha de su historia y la réplica oficial del club es de una mediocridad que asusta. Puedo comprender las reacciones en caliente de los protagonistas, pero la frialdad de esta respuesta raya la enfermedad, en la línea de la frecuente negación de la realidad que rige el gobierno orellut. Un vídeo mezquino y cutre que solo sirve para que yo tenga hoy algo de lo que escribir aquí, que bueno, vale. A la conspiración que piensa el club que hay en su contra, de la que hablábamos la pasada semana y que incluía a periodistas, políticos, aficionados y accionistas, hay que añadir ahora a los árbitros. Oh, sí, los árbitros, muy originales. No se nos había ocurrido nunca.

Si toda la energía que gastan en estas cosas la emplearan en otras más importantes igual ya no estábamos en Tercera. Pero no.

El fútbol sigue, en fin, y nada sería más decepcionante que la plantilla, como el obediente Pruden ayer, se aferrara a ese discurso. Justo ahora que el equipo mejora: está más ordenado, más seguro, más controlado. Está muy lejos de la cabeza pero el equipo es más lo que debería ser, lo que debería haber sido, y está aún a tiempo de todo, pero tiene que ganar. Tiene que hacerlo ya.

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