18 de octubre de 2015
18.10.2015

La celebración de los contrarios

18.10.2015 | 00:56

Antagonistas. En torno de la «romeria de les canyes» la ciudad de Castelló fue recuperando un sentimiento de pueblo que en ciertas circunstancias puso en contacto a representantes de facciones contrarias en intereses e ideas.

Los discursos panegíricos que se escuchaban en el Certamen Literario magdalenero desde 1945 llegaron a rozar en muchos casos el delirio. En una edición, el orador comparó al Generalísimo con una «gayata». Suponemos que al mantenedor de turno nuestro «esclat de llum sense foc ni fum» se le antojó la metáfora perfecta para «la lucecita del Pardo» y soltó el parangón. La ley del péndulo nos lleva de un extremo a otro, de forma que, frente a estas muestras de «adhesión inquebrantable», el mismo año 1948 del alegato floral del alcalde Fabregat ante el embajador de la Argentina, acaeció el secuestro de la reina de las fiestas por parte de una partida de guerrilleros comunistas. El episodio ocurrió cuando la señorita Mensín Jordán acudía a tomar las aguas al balneario de Cofrentes con la niñera y el chauffeur de la empresa familiar. En las proximidades del centro termal, el maquis había preparado la emboscada y la reina fue retenida en contra de su voluntad y buenos modos en medio de la serranía. Tras el pago de veinte mil duros, que tuvo que abonar el padre –industrial que suministraba harina de algarroba a la casa Nestlé–, los partisanos le devolvieron la libertad. Naturalmente, el régimen que iluminaba aquella «gayata» del Ferrol no atendió a las razones de humanidad que inspiraron el rescate y represalió al pater familias por «ayuda a la rebelión» y causó problemas al director del banc que le facilitó el montante en día festivo.

Pero no todo fueron sobresaltos en los años del resurgir festero en Castelló. Cuando se acercaba el año 1952, la ciudad se preparó para conmemorar el VII centenario de su fundación. La memoria urbana tenía muy presente a Jaime I, el conquistador que firmó el acta de nacimiento de la población y su posterior traslado al llano de Benarabe. Tampoco les resultó complicado a los propagandistas del Movimiento establecer equivalencias entre la reconquista cristiana y «liberación» franquista. No obstante, el rey catalano-aragonés había librado su gesta para expulsar a los sarracenos de Valencia, mientras que los nacionales para entrar en los pueblos de la Plana se ayudaron de los moros del Tercio de Regulares. Para más inri, el Jaime I de la cabalgata del Pregón de aquel año estuvo representado por el secretario del gobernador.

Diacronías absurdas al margen, la dinastía que más influía en la vida de los castellonenses de la época era la del alcalde Carlos Fabra, descendiente directo de cinco presidentes de la diputación y tío de Amparito, la reina de aquellas fiestas de la efeméride. Por su parte, ella unía en su persona las dos sagas de antagonistas políticos de la provincia, pues era Fabra, por línea paterna, y Gasset por vía materna. Todo un prodigio humano, si pensamos que la Magdalena se proponía como símbolo de comunión de un pueblo. Qué mejor que ver en la figura de su primera dama la superación de las disputas familiares, pues Amparito había heredado los genes de los más insignes contrarios. De un lado, los de la prole del Tío Pantorrilles, la saga del cacique que gobernaba la provincia desde la Restauración borbónica; de otra, los de la estirpe de don Fernando Gasset Lacasaña, que presidió la más alta magistratura republicana. La muchacha encarnaba como nadie la reconciliación de las banderías seculares, la superación de las viejas disputas entre conservadores y radicales, católicos y masones, «cossieros» y «anticossieros».

«El color de nuestros campos»

El alcalde Fabra también quiso contar para el Centenario con una bandera que representara a la localidad. Para ello requirió el consejo de un sabut, en este caso del archivero de la diputación Codina. El funcionario recordó el concurso convocado antes de la guerra por el presidente Selma con el fin de diseñar una enseña provincial. El premio de 250 pesetas fue a parar al delineante Bernardo Artola que concibió el diseño de una señera cuatribarrada con la franja vertical en sinople. A Fabra le gustó la idea de recuperarla, pero al gobernador civil, el falangista Julve Ceperuelo, se le antojó que aquella era una bandera «separatista». Entonces, viendo el dibujo, el jerarca preguntó: «¿Y el verde qué significa?». «Excelencia, es el color de nuestros campos», contestó el alcalde. «Camarada, pues ahí tiene usted el símbolo de la ciudad», remató el jefe del Movimiento.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook

EL HUMOR GRÁFICO DE XIPELL


anteriorsiguiente

Playas en la Comunitat Valenciana

Los mejores restaurantes en Valencia

Descubre las playas de Alicante, Castelló y Valencia y el mapa con todas las playas. ¡Vota tu playa favorita, envía fotos de las playas y decide dónde pasar tus días de sol!

 
Enlaces recomendados: Premios Cine