26 de octubre de 2015
26.10.2015
MI PUNTO DE VISTA

La profesión de sindicalista

26.10.2015 | 01:09

Es preocupante que se lean expresiones como la de que «el kit de trabajo fundamental de un sindicalista liberado español es la bocina. Ahí está plasmada su sofisticada razón y argumento». También se ha dicho que «es inútil seguir subvencionando una "profesión" hoy ya sin sentido, como las plañideras, desaparecerá»; que «viven en el siglo XIX».

Y me preocupa no porque se diga, pues en España existe y disfrutamos de libertad de expresión, sino porque se haya dado pie a que se afirmen con razón cosas como esas.

¿Acaso los sesudos (y algunos barbudos) sindicalistas, los que son intelectuales al mismo tiempo que líderes sindicales (si los hay), no habían llegado a pensar que vivir de la subvención, que mantener unas estructuras que no se sostienen con las cuotas de los miembros del sindicato, los cuales brillan por su ausencia, era una situación que no se podría sostener en el tiempo?

Del mismo modo que no se puede estar gastando más de lo que se ingresa durante largo tiempo, tampoco se puede sostener una carga poco eficiente, que no da contraprestación a la sociedad, gasto inútil, por un tiempo largo, pues a la postre el que paga, el ciudadano, se da cuenta de que es un malgasto.

¿Para qué sostener una estructura que no se renueva y que no tiene utilidad alguna? Digo que no se renueva porque desde hace mucho tiempo las elecciones a representantes de los trabajadores en las empresas, cuando las había, sólo tenían un motivo: dejar claro que el uno, o el otro, sindicato tenían representantes y copaban a nivel nacional, cada uno, el 50 % de las subvenciones que iba a darles el estado.

Ciertamente la organización de los propios sindicatos tiene su dificultad. EREs para reducir el número de empleados que viven de su trabajo allí en los sindicatos, pero que se pagan con dinero de todos, mientras que en algunos momentos empresas con problemas por la crisis se sienten presionadas por la actividad de los mismos que las ponen contra las cuerdas. Críticas a los países que cambian leyes y constituciones para permitir la perpetuación del que manda (mediante permitir una segunda o tercera o más candidatura) y en España desde que se estrenó la democracia parece que siempre vemos las mismas caras en los sindicatos. Cualquier día se juntarán en una manifestación con la Iglesia para defender que ambas organizaciones hacen cosas para todos, incluso para los no creyentes y para los no empleados ni trabajadores: así que es el Estado el que debe correr con su sostenimiento.

Pero esto no es así. Tanto las organizaciones religiosas como las sindicales (y, por supuesto, también las patronales) deben ser sostenidas por sus miembros, no por todos los ciudadanos. Y el éxito en conseguir miembros que coticen será la mejor evidencia, más que las propias elecciones sindicales o la asistencia a servicios religiosos, de su efectivo y útil papel en la sociedad.

Es evidente que hay que replantearse el papel de los sindicatos en la sociedad, pues en ninguna parte de la Constitución se dice que deban ser a cargo de los Presupuestos Generales del Estado.

Pero yo quería hablar no sólo del sindicalista, sino también del liberado sindical que parece un mal menor en las empresas y organismos del Estado que los sostienen. Personas que cobran como si trabajaran, pero que sólo hacen trabajo sindical atendiendo problemas de los trabajadores o yendo a las sedes de los sindicatos para su formación en ideología y estrategias. Los empleados públicos que lo son, su patrono, el Estado lo consiente (ciertamente, como el servicio o la empresa pública es una empresa de «todos» realmente resulta ser de «nadie» y por tanto no hay preocupación por rendimiento o eficiencia), pero en una empresa privada que tiene que luchar por ganar dinero la carga es grave. Es necesario replantearse ir a una legislación más moderna que regule los sindicatos, los sindicalistas, sus empleados y los liberados sindicales de empresas públicas o privadas, y como quiera que es un problema a nivel supra estatal, es un tema que debiera debatirse en el UE. O al menos ese es mi punto de vista, que someto a crítica.

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