01 de diciembre de 2015
01.12.2015
Opinión

Dr. Jekyll y míster Hyde

01.12.2015 | 08:58

Tras un mes de agosto y un mes de septiembre para enmarcar, el Villarreal ha firmado un mes de octubre y un mes de noviembre para olvidar. De los 16 de 18 puntos posibles que sumó a principio de temporada un más que sorprendente submarino que por aquel entonces parecía optar a todo, se ha pasado a otro bien distinto, que solo ha sido capaz de sumar 5 puntos de los últimos 21 posibles. Hemos pasado de una ilusión sobre medida a la preocupación tal vez excesiva que ahora se barrunta en el ambiente, preocupación a su vez lógica y entendible, al tiempo que maquillada por los buenos resultados que el club ha sellado en la Europa League donde lleva cuatro victorias seguidas.

Sorprendente fue sin duda el rendimiento del Villarreal en las primeras jornadas. Que un equipo en formación, joven, con mil caras nuevas en el ataque diera ese rendimiento nada más arrancar era para frotarse las manos. El Villarreal era capaz de anotar más de 2 goles por partido, al tiempo que no llegaba a encajar ni uno por encuentro. Las cifras eran magníficas. Sin embargo, la acumulación de partidos y sobre todo las lesiones, han hecho evidente que no era oro todo lo que relucía. Dos polos apuestos en escasos tres meses de competición que descolocan a cualquiera, pero que tienen explicación.El verdadero Villarreal no es el del inicio de temporada, pero tampoco el del último mes y medio de competición. El verdadero Villarreal está en el punto medio. Un equipo joven y con proyección, que a la larga será capaz, ya lo ha demostrado, de competir contra el mejor, pero que debe de entender, como cualquier jugador de 22 años de edad (esa es la media de los últimos onces del Villarreal), que para ganar hay que trabajar y más cuando el infortunio se ciñe sobre sus cabezas.

Porque una cosa está clara. Es cierto que las lesiones de los cuatro delanteros y los problemas en defensa no han ayudado un ápice a sobrellevar la situación, al contrario, la han agravado, pero ante tal adversidad hay que luchar con casta, coraje y atrevimiento. Hay que creer y trabajar, y eso el domingo no se vio en Getafe. Eso no se puede permitir.

Pero al margen de ello, no hay que obviar que estos resultados adversos han destapado una serie de puntos de preocupación interesantes en los que habría que incidir. Por ejemplo el rendimiento de Samu García o Castillejo, muy lejos ambos de los jugadores que despuntaron en el Málaga lo que les llevó a El Madrigal a cambio de 20 millones de euros. Ahí hay que pedir más, como también habría que destacar la ausencia de Cheryshev y de un sustituto natural. El Villarreal adolece de alguien que ejerza esa influencia en el juego y el equipo lo está notando. A ello hay que sumar el fracasado fichaje a día de hoy de Adrián López y el bajo rendimiento de Soldado, quien sumados a las lesiones de Bakambu y Baptistao han dejado huérfano de gol a un equipo que solo ha sido capaz de anotar 4 goles en los últimos 7 partidos de Liga, y en el que las bandas no aportan gol (1 de Samu y 1 de Denis, nada más). Si a todo ello le sumamos que tal vez Bruno no acaba de ser el gran Bruno de antaño en lo que a rendimiento se refiere, juntamos un cocktel explosivo que nos depara este resultado final.Sin embargo insisto. Creo que la virtud está en el punto medio. Ni antes la cosa pintaba tan bien, ni ahora tan mal.

La Liga es la suma de la regularidad y, como tal, no hay que olvidar que tras 13 jornadas el Villarreal es sexto, un buen puesto para un club, que eso sí, está sobre aviso. Hay que mejorar en próximas fechas y estoy convencido de que Marcelino lo sabrá hacer, aunque tenga que jugar él en ataque.

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