21 de diciembre de 2015
21.12.2015
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Corazón; por Rafael Escrig

21.12.2015 | 09:23
Corazón; por Rafael Escrig

Los albinegros vivimos una guerra constante entre el corazón y la cabeza. Manida guerra, es cierto. Hace mucho tiempo, demasiado, que no disfrutamos de verdad: siempre nos quedamos a medias. El corazón nos empuja una y otra vez al vacío, no tenemos nada que perder. Hay poco de racional en esto, la mente no entiende de impulsos y goles en el último minuto. Simplemente sucede, nos vemos con seis victorias consecutivas y nos creemos que esta vez sí. Curioso animal, el hombre. Fustigado una y otra vez con el mismo látigo, sigue tentando la suerte de volver a caer mutilado. Y tal vez caiga. O tal vez no.

La mente, en cambio, es más severa. Recta, sensata, calmada y con las ideas claras. Sabe que nos venimos abajo cuando llegan los momentos decisivos como ya hicimos la temporada pasada. Maneja como nadie la jurisprudencia que dicta el corazón: «cada vez que te impulsó al vacío, te caíste». Conoce lo que se cuece en el seno del equipo, puerta abierta a gente de dudosa procedencia en un club que necesita austeridad para sobrevivir. La mente alerta, algo raro pasa ahí dentro. Lo sabe y te avisa de que tienes Junta General de Accionistas al día siguiente, que puede tirar por tierra las ilusiones deportivas. Te dice que te olvides de ampliación de capital e inversiones con sentido, que van a seguir los mismos.

A mí me importa poco, la verdad. Está bien, mente. Te percibo y sé que funcionas. Intercambiamos ese feedback necesario para no lanzarme a un vacío pasional, pero poco más. Soy consciente de que aún no hemos hecho nada, de que estamos a diez puntos del líder y de que eso, a los hechos me remito, no te garantiza nada. Y qué más da. ¿Qué sería de este club sin la ilusión? Nada. ¿Acaso no fue la esperanza de seguir vivos la que movió a toda esa gente que se reunió día y noche –literalmente- en la Plaza Mayor para resucitar a este club?

No somos de piedra. No se puede negar que, por un momento, ha vuelto a hablar el corazón. Una vez más, invitándonos a tomar el camino de la irracionalidad y del deseo. Y no engaña a nadie. Si decidimos seguir aquí es porque, algún día, pensamos que era viable luchar por todo esto. Y hay miles que siguen batallando de forma interna entre sentir o amputar sus emociones. Es fútbol, al fin y al cabo. No hay lugar para la lógica.

Por todos los que luchan: no os rindáis, seguid en pie. Seguir vivos no es cuestión racional, nos mantuvo viva la pasión de querer ser. La que nos hará volver a ser. Justicia emocional.

Qué suerte ser del Club Deportivo Castellón. Qué suerte tener corazón.

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