02 de enero de 2016
02.01.2016

bruno, el capitán que los manda

01.01.2016 | 23:50

emasiados intereses que guardar en los dos equipos que a las cuatro de la última tarde del año de 2015 se vieron citados en El Madrigal para poner punto final a la jornada, la diecisiete, que deja a los amarillos en puesto de Champions, con 33 puntos en la fiambrera. El Valencia, en principio rival por tantas cosas, queda donde estaba pero a once puntos por debajo del Villarreal, que el jueves le ganó en El Madrigal gracias a un gol, logrado por Bruno, en la ejecución de un libre directo de manera asombrosa en cuanto a precisión, velocidad y puntería, gracias a la zurda que hace valer cuando las cosas se ponen broncas.

Supongo que por necesidades del guión, es decir, la de ofertarlo a las necesidades que las televisiones de vaya usted a saber qué países, incluido España, tienen contrato firmado, el encuentro comenzó efectivamente a las cuatro de la tarde. A las cuatro de la tarde de cualquier día laborable, el personal está disfrutando del puesto de trabajo (quien lo tenga) y no va a tener la ocurrencia de ponerse malito la tarde del 31 de diciembre para hacer novillos, como los malos estudiantes. El resultado de la hora del partido que algunos llaman derbi, dejó en un par de centenares los visitantes, todo y que entre Vila-real y Valencia no hay más allá de sesenta kilómetros y está perfectamente dotada de trenes.

Falta de intensidad

Pues ni así logró parecerse el partido ante el Valencia con cualquiera de los jugados esta temporada ante los considerados grandes. Se conoce que por la cuestión horaria ya descrita y también porque los aficionados valencianistas no tenían mucha confianza en que su equipo alcanzara la victoria, al ambiente le faltó intensidad por mucho que la Policía a caballo ofreciera la sensación de que allí podía haber algo más que gritos de ánimo y alguna bufanda blanca que, dada la temperatura y la humedad, reinante no estuvieron de más.

Al Villarreal le faltó esa punta de gas que en los partidos contra los grandes ha utilizado para acabar con su soberbia. Excepto el Barcelona, que todavía no ha llegado a El Madrigal, todos los demás han mordido el polvo. Ante el Valencia, sin embargo, a la inspiración y el talento de la plantilla amarilla, incuestionable, no se añadió la competitividad de otras tardes de fiesta grande, sin que uno consiga intuir por qué. Lo cierto es que a los locales les faltó inspiración, pero sobre todo careció de lo que hace a los buenos equipos, grandes escuadras. Son esos que, sea cual fuere el rival, salen a hacerle morder el polvo, o no, pero que se intenta. Hay que intentan ganar siempre y esta vez en el Villarreal faltó una actitud mejor, puesto que a la que hubo le faltó malicia, velocidad, compromiso, es decir, lo que vimos frente al Madrid, pongamos por caso.

No me gustó el Valencia y lo siento. Llegó con la idea del empate metida entre ceja y ceja, lo que ni siquiera pudo disimular su portero que, desde el inicio del partido, cada vez que tenía que sacar de puerta se entretenía en situar el balón para que el saque no resultara fallido, recular para tomar carrerilla, volverse a parar para dar la vuelta y rectificar la posición de la bola. Todo un arte de los porteros de los equipos mediocres. Dado el potencial del Valencia, su historia, los títulos conseguidos y los que logrará, más la masa social que le da soporte, eso que hizo en el supuesto derbi el portero del Valencia – excelente por otra parte – estuvo feo.

Una sola oportunidad de gol

El equipo valencianista defendió bien y solo cuando Bruno consiguió su gol se desperezó, su entrenador apuró los tres cambios y el Valencia estuvo un poco más apañado en el juego de ataque. Una sola oportunidad de gol es muy poco. Tal vez sea que estamos en fiestas, la cosa va de comilonas con y se puede notar. Yo lo noté en un futbolista del Valencia cuyo nombre no diré, que está francamente fondón y eso no vale para profesionales de grandes equipos como el Valencia.

El Villarreal acaba el año con otra trabajada victoria y sus futbolistas se tomaron las uvas de la suerte y brindaron con el mejor champagne: pueden pagárselo sin que su economía de bolsillo se resienta y al menos de momento, cada mirada a la clasificación da para la gran pregunta: «¿Quién coño son esos del Villarreal y qué coño pintan en estos lugares reservados a la excelencia?» Y quizá tengan razón, quién coño son y que hacen ahí usurpando un puesto de esa magnitud. Saben perfectamente quiénes son y los demás deberíamos saberlo también. Uno de los equipos pequeños ha estado en un torneo mundial y acabó llegando a semifinales. Apenas es nada, pero dentro de unos pocos años, esos niñatos estarán en la plantilla del submarino, otros seguirán su carrera profesional en algún club español, o no, habiéndose formado aquí. Bon any, germans.

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