11 de enero de 2016
11.01.2016

Ilusión

11.01.2016 | 00:15
Ilusión

Un solo gol fue necesario para batir al Rayo Ibense, dos minutos por delante de tiempo reglamentario, tres puntos batallados y merecidos, cuatro partidos ganados en el último minuto, cinco puntos de distancia con el líder, seis de seis en 2016 con otro gol más del siete y ocho victorias consecutivas que entran en la historia.

Ahora sí, Kiko Ramírez ha irrumpido con total merecimiento en la memoria de este club casi centenario. Entre emboscadas extrafutbolísticas, conflictos ególatras y éxodos de las gradas, no estamos parándonos a pensar en lo que el Castellón está logrando en las dos últimas temporadas. Una racha de victorias como la actual es como el Cometa Halley: pasa, con suerte, una vez en la vida y tienes que estar atento para no perdértelo. El entorno albinegro, por desgracia, hace un tiempo que dejó de mirar al cielo.

Ganar un partido nunca es fácil, ganar ocho seguidos es síntoma de que algo extraordinario está sucediendo. Extraordinario por positivo y extraordinario por fuera de lo normal. Ser del Castellón es asumir que no siempre vas a ganar; más bien todo lo contrario. Por alguna extraña razón, el equipo de Kiko ayer no jugó bien y ganó, invirtiendo las tornas de una redundancia legitimada por el aficionado de Castalia.

Posiblemente, tal y como reflejó el propio Kiko en sala de prensa, se deba a las ganas de ganar que tiene este equipo y a su incansable trabajo en todas las facetas. El Castellón sigue viviendo en el alambre y disfrutando de ello. Arrastrándonos hasta la incertidumbre primero, al miedo después y al éxtasis como colofón final. Lo mejor es que ya lo vamos asumiendo: este equipo no baja los brazos hasta el pitido final y siempre saca provecho de ello. Nunca había confiado tanto en el Castellón.

Y si confío y sigo confiando es porque sé que ahí dentro hay gente que sabe quién es, dónde está y el peso que eso supone. Charlie Meseguer, Guille Vázquez, Jesús López, Jordi Marenyà. Cuatro titulares ayer que supieron jugar con fuego en su día, quemarse y sacar con vida al águila del escudo en los días más negros de la historia del Castellón. Quien viste la albinegra y nos representa es gente que un día nos salvó y que, pase lo que pase, siempre confiaré en que nos vuelvan a salvar.

Queda sensato recordar eso de no lanzar las campanas al vuelo, ser cautos, tener presente que el equipo va a volver a perder y que las rachas no duran eternamente? Pero para todo eso ya están los de dentro. Pase lo que pase y acabe como acabe, hemos recuperado la ilusión. No sé cómo, pero hemos vuelto a resucitar.

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