16 de enero de 2016
16.01.2016

Sin pie no hay caballo para Sant Antoni

El oficio ancestral ha ido adaptándose a los nuevos conocimientos sobre ortopedia de los equinos, pero el objetivo sigue siendo que los pies de los animales estén protegidos

15.01.2016 | 23:39
Sin pie no hay caballo para Sant Antoni

Oficio indispensable. Estos días previos a la celebración de Sant Antoni no solo se multiplica la actividad de los encargados de preparar «rotllos o coquetes» bendecidos para la festividad del patrón de los animales, también hay unos profesionales muy ocupados durante el mes de enero: los herradores de caballos

Los que conocen el mundo equino han oído en más de una ocasión la popular frase «sin pie no hay caballo». La salud de las patas de estos animales es tan vital para ellos que en más de una ocasión, una enfermedad o una lesión en sus extremidades puede provocar su sacrificio, por eso es fundamental un mantenimiento y cuidado especial de este aspecto. Mientras un veterinario se ocupa de su bienestar general, existen unos profesionales que se especializan en el cuidado de sus patas: los herradores.

Estos días se multiplica el trabajo en lugares como los hornos y panaderías de la provincia donde se encargan de preparar los tradicionales «panets, rotllos o coquetes», dependiendo del municipio, que serán bendecidos y repartidos entre los participantes en las distintas celebraciones en honor a Sant Antoni, pero si hay unos profesionales que ven como se multiplican sus servicios con la llegada del mes de enero de manera exponencial son los herradores.

El suyo es un oficio ancestral, pero que ha ido adaptándose a los nuevos conocimientos por lo que respecta a la ortopedia de los caballos. Con todo, la esencia es la misma: garantizar que la base fundamental de estos animales, sus pies, están protegidos, adaptados al uso para el que se destinan y sobre todo cuidados y limpios.

Emeterio Ortiz es uno de los 15 herradores que en la actualidad están dados de alta como tales en la provincia de Castelló. Cuando se le pregunta por la utilidad del herraje, no duda en afirmar que «es un mal necesario, que permite proteger los cascos, solucionar problemas de ortopedia y en muchos casos garantizar un bienestar al animal que le puede ayudar a vivir más años».

La imagen tradicional del herrador es el de una persona que clava en los cascos de un equino unas herraduras de hierro, pero su trabajo va mucho más allá. Como sucede cuando uno acude a un podólogo, sus clientes confían en su criterio para que sepa qué tipo de calzado es el más adecuado para su caballo, «porque la misma herradura no tiene la misma utilidad para todos los animales». De hecho, existen tantas como necesidades ortopédicas.

Por ejemplo, muchos de los caballos que saldrán en los pasacalles de San Antonio en los municipios de Castelló llevarán en sus herraduras conos de tungsteno, más conocidas como «widia», un material especial «para que no tengan ningún tipo de molestia al caminar sobre el asfalto». Ortiz llega a afirmar que la importancia de llevar o no las «widias» puede tener como consecuencia que «un caballo patine o no, algo especialmente importante en pueblos donde tienen que pasar por cuestas». En el caso de los caballos que salen habitualmente por la montaña, se recomiendan las herraduras de aluminio recubiertas de goma o caucho «que consiguen que tenga más agarre».

Pero como en todas las cosas, las nuevas técnicas y las nuevas tendencias también llegan al mundo del herraje. «Hoy en día hay una moda que busca no herrarlos, aunque para eso es indispensable un período de adaptación, mantenimiento permanente y no es algo recomendable para los caballos que están en un box», explica este herrador de Nules. De hecho, no llevar herraduras no es una elección apropiada para todos los equinos, dado que «hay algunos en los que el desgaste del casco es mayor que el crecimiento y por lo tanto se corre el riesgo de que se llegue a la parte sensible lo que provocaría que el caballo cojeara».

Estos días todo son prisas. Los profesionales recomiendan sustituir las herraduras cada 40 días, aunque es habitual que los propietarios lo retrasen hasta dos meses, así como que, en fechas como estas, «se esperen hasta última hora para que el caballo esté recién herrado para los pasacalles».

Lo curioso es que un profesional o una persona entendida de estos animales, identifica fácilmente si el caballo está bien o mal herrado «por la manera de caminar, por el aplomo, el paso que lleva». De hecho, Emeterio Ortiz advierte de que un buen herraje, en pasacalles tan multitudinarios como los de San Antonio, tienen una doble importancia porque «si un caballo patina puede producir un accidente».

De este modo, de igual forma que los humanos no utilizamos el mismo calzado para todos los usos, ni se nos ocurre ir descalzos en determinados momentos, los caballos requieren de un buen herraje, como se comprobará en cualquiera de los pasacalles en los que ellos serán los grandes protagonistas este fin de semana..

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