25 de enero de 2016
25.01.2016

Pinchazo serio

El Castellón se deja dos puntos ante el colista El Acero empató de penalti en el añadido (1-1)

25.01.2016 | 08:14
Pinchazo serio

El Castellón alimentó su leyenda de batacazos inesperados al dejarse dos puntos ante el colista. Un gol de penalti de Seral en el tiempo de prolongación le sirvió al bullicioso Acero para arañar un empate en Castalia. El Castellón cayó víctima de sus nervios y sus temores, recuperando esa condición de pupas que viene y que va, y que está marcada a fuego en el imaginario colectivo del club orellut. Aturullado, se adelantó con gol de Guille Vázquez en el clásico barullo agónico, para pegarse después en el descuento un tiro en el pie también clásico y agónico. Los albinegros caen a la cuarta plaza entre dudas, frenado el optimismo pese a los tropiezos del líder, y justo antes de afrontar el tramo más complicado del calendario.

El Acero, que solo ha ganado un partido en lo que va de Liga, vino a jugar con la ansiedad del Castellón. Fue tan descarado como previsible. Cada minuto con empate era una victoria y así lo dejó claro pronto el cuadro visitante. Se jugó a no jugar, con un serial de pérdidas de tiempo que rozaron lo cómico y que, consentidas por el colegiado, acentuaron los sabidos problemas albinegros en el juego posicional.

En ese sentido, la entrada de Álvaro en la cueva no ayudó a paliar las habituales carencias en la salida de los locales. Bien amarrado Pruden en la izquierda, con el marcaje pegajoso de Peke, el peligro albinegro se volcó por el costado diestro, en la mezcla natural de Luismi con Dani Pujol, previa búsqueda, a menudo, de la testa del ariete Antonio. Por ahí llegaron los centros y las ocasiones. La más clara la tuvo Meseguer en el minuto 4, pero su disparo lo sacó el portero Oumar a quemarropa.

El paso de los minutos enredó al Castellón, precipitado y nervioso, más preocupado de marcar el segundo tanto que el primero. Y el primero costó, vaya si costó, porque el 0-0 del electrónico pesaba como una losa. El Acero fue creciendo y el lateral Peke, en una jugada individual, desvirgó al debutante Carlos Sabater. Otro susto lo dio el activo Óscar, que castigó el ímpetu de Luismi en varias acciones de quiebros veloces. El Castellón se consumía en las prisas, impotente, acusando un exceso de aceleración palpable en especial en los últimos metros. Marenyà, sirva el ejemplo y cerca de la media hora, disparó alto un centro de Pujol, ansioso en la maniobra que siguió al control en el área.

Los nervios del campo se transmitieron a la grada, o viceversa, que nunca queda eso del todo claro. El caso es que el Acero se regodeó en el espectáculo, canchero, provocador del campo al banquillo, odioso si eres el rival, comprensible si son los tuyos los últimos, en la necesidad absoluta de llevar la contienda al fango. Sea como fuere, tras baile de tarjetas y tres minutos de añadido, con un cabeceo de Castells que no encontró portería se despidió el primer acto.

Prometía turbulencias la segunda mitad, y vaya si las hubo. Primero los cambios de Kiko Ramírez, el toque de corneta y el capazo de oportunidades del Castellón. Entró Jorge Giménez en la diestra y continuó el trabajo de Pujol, retrasado al lateral. También saltó Tariq, que falló una muy clara en el primer minuto y después no anduvo nada fino. Cada ocasión fallada elevaba un peldaño la exigencia de la presión local. El dominio del territorio y del balón, con Meseguer liderando una circulación más fluida, fue albinegro. El Acero reculó y reculó pero Oumar empezó a disfrazarse de héroe con dos manoplas inverosímiles a disparos de Meseguer, al que estropeó la mañana. También lo probó Antonio, replicó Pruden, percutió el equipo por alto y por bajo hasta encontrar el gol aunque fuera por pesado.

Así fue. En el minuto 75 llegó el 1-0. Un esfuerzo de Pruden en la recuperación, al límite de la falta, propició una transición de manual. Condujo Meseguer, abrió para Jorge Giménez y el centro raso de éste lo remató Antonio en pifia. Guille, atento, cazó el balón para remachar en el barullo.

En ventaja, Ramírez recompuso el once. Borja Gracia tuvo sus minutos en la medular, con la intención de abotonar el triunfo, y lo cierto es que el Castellón no se manejó del todo mal: Oumar, que no olvidará el partido en su vida, evitó la sentencia en un par de ocasiones, la última en un remate cercano de Jorge Giménez tras una bonita jugada colectiva. Pero la desgracia no entiende de méritos ni de buenas intenciones. Dos acciones que subrayaron la inexperiencia de la zaga dieron oxígeno al Acero. Primero Álex Redondo botó una falta que desvió Sabater. Después, ya en el 91, Álvaro Gómez arriesgó en un cruce al límite en el área. El árbitro pitó penalti y Seral ejecutó el doloroso castigo.

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