25 de abril de 2016
25.04.2016

«Nos gusta ser diferentes»

Toni Ten (Onda, 1980) es un entrenador atípico. Por joven, por exitoso y por no tener agente. A su estela, sin prisa pero sin pausa, el Amics Castelló ha subido dos categorías y ha sorprendido al baloncesto español por su desacomplejado e irreverente estreno en LEB Oro. Por el camino, el club ha crecido hasta convertirse en referencia provincial de su deporte

25.04.2016 | 00:30
«Nos gusta ser diferentes»

A Toni Ten, entrenador del Amics Castelló durante una década, le gusta utilizar la primera persona del plural. Entiende el baloncesto desde el colectivo e incluye siempre en su discurso a jugadores, ayudantes (Juanjo y Fede) y a su presidente, Luis García, testigo mudo de la entrevista. Cuando todo termina, García se acerca al periodista y le susurra, con aire de confidencia: «Toni es el noventa por ciento del Amics del Bàsquet».

¿Cuándo descubre el baloncesto Toni Ten? Yo era del TAU, no sé si porque me sonaba de aquí el nombre. El de Laso, Perasovic, Nicola, Arlauckas y...

Y Ramón Rivas. Sí, por ahí más menos, a principios de los noventa, con aquella Liga ACB, el PC Basket y todo eso. Me gustaba mucho el Estudiantes de Pinone y de Winslow.

La otra noche terminé en Youtube viendo la final de Copa de 1992, la que le ganan al CAI Zaragoza. Descubrí la manía que le tenía Pedro Barthe a Alberto Herreros.

Ese es de mis primeros recuerdos, de mis primeras imágenes. De decir 'esto me gusta'. La Copa del Rey que gana Estudiantes con Herreros.

¿Había tradición familiar detrás?

No, qué va. Era que me gustaba el basket y ya está. En Onda tampoco es que hubiera muchas opciones. No era el típico niño que iba con la pelota a todas horas, o que durmiera con ella en la cama, eso no, pero sí lo veía en la tele, tenía un póster de Magic Johnson y me gustaba mucho eso del showtime de los Lakers.

Salvando distancias, el Amics recoge un poco esa mezcla. Una parte de club escolar como Estudiantes y otra de ofrecer espectáculo en la cancha.

Un poco combinado, puede ser. No somos exactamente un club de patio de colegio, pero sí de amigos, muy familiar. Y en cuanto al estilo de juego, evidentemente lejos de ese nivel, pero sí somos de intentar divertir y conectar con la gente. Creo que parte del éxito es que, ganemos o perdamos, notamos que la gente se lo pasa bien y conectamos mutuamente.

Luego tocamos el presente, pero volvamos a Onda, al Ten chaval y jugador de basket.

Yo era un 'cuatro' con alma de 'tres'. En los entrenamientos me ponía de base, a emular a Magic, pero no. Era zurdo y peleón, un poco en plan Alfonso Reyes. Me gustaba pasar el balón y divertirme. Recuerdo que entrenábamos tardísimo, a las once de la noche o cosas así. Allí no había equipo para competir hasta el junior. En el cadete solo entrenabas y eso no me gustaba mucho. Siendo cadete me suben al junior, pero todo seguía siendo muy local, muy cercano, en el pabellón del pueblo, sin ambiciones.

Jugando dura poco.

El último año junior me lesiono del menisco y aunque me recupero bastante bien, en el inicio del primer año senior vuelvo a tener problemas en la rodilla, entonces de rótula. Ahí lo dejo, estoy ese curso fuera del baloncesto y al año siguiente ya me pongo a entrenar al junior del Onda. Tenía 20 años.

Extremadamente joven.

Siempre he sido el entrenador más joven de la Liga a la que he llegado. En el junior del Onda, en el senior del Onda, en EBA con el Amics, en Plata con el Amics, y en Oro con el Amics. Nunca ha supuesto un problema para mí. Al contrario, creo que los jugadores que he tenido, sobre todo al principio, han querido ayudarme. El paso de jugador a entrenador es muy importante. Ya solía ser el capitán y me gustaba liderar el grupo, pero de jugador sabía que había muchos mejores que yo. Considero que en esa época, como jugador, no llegué a comprender el juego realmente. Pero como entrenador sí vi, con el paso de los años, que entendía y asimilaba mejor el juego, que ayudaba más desde el banquillo que en la pista con el balón. En ese instante es cuando empieza de verdad mi pasión, cuando descubro mi vocación. Primero soy un entrenador muy autodidacta, pero pronto hago los cursos, estoy en la selección valenciana también, y todo pasa muy rápido.

Castelló, ¿cuándo y cómo?

Es la temporada 2004-05. Pablo Laso se va a Valencia un martes y el miércoles me llama Guillermo Prats, el director deportivo, y me lo propone. En principio es una plaza vacante, una mezcla de tío que pasa la mopa, recoge las pelotas, y mascota no, porque no había. Eso sí, era para el primer equipo. Si tenía que recoger pelotas, llevar las fichas o pasar la mopa, era con el primer equipo. No lo dudo, vi que era una oportunidad. Si Laso se va el martes y el miércoles me llaman, el jueves ya estoy en Castelló. Llego como oyente y tengo la suerte de que el entrenador que releva a Laso, Miguel López Abril, me propone completar el cuerpo técnico, al ver que soy entrenador. Ahí tengo 23 años. Dos después, cuando el equipo desciende a EBA y termina el proyecto con Pamesa, me ofrecen ser el entrenador del primer equipo.

Con 25 años.

Sí, yo había terminado la carrera, me había licenciado en Humanidades, y empiezo a trabajar en paralelo en la empresa familiar. He tenido la suerte de poderlo compaginar. El club vuelve a EBA con lo justo, sin jugadores y sin asistentes. El objetivo inicial no es más que tirar hacia adelante el baloncesto en Castelló. Sobrevivir. La Liga EBA entonces aún era muy fuerte. Antes de la crisis, con mucho dinero de constructoras, muchos equipos potentes de Murcia y Alicante. Nosotros vamos construyendo desde un solar, poco a poco, casi desde cero. Vamos poniendo los mimbres necesarios. Salieron buenos años, con buenos resultados, con jugadores de la casa en la plantilla, algo novedoso. Y a medida que nosotros íbamos creciendo notamos que los rivales iban perdiendo músculo económico. Fue una evolución. Hicimos mejores plantillas y empezamos a jugar fases de ascenso.

Cuando el club compra la plaza en LEB, se ve preparado para ello.

Sí, era el empujón necesario. Llevábamos tres temporadas rozando el ascenso y, desgraciadamente, en el baloncesto español a veces pasan cosas de estas. Clubes de arriba desaparecen, la Federación ofrece la posibilidad y Amics la aprovecha. Era el momento oportuno. Al llegar a LEB Plata nos toca volver a empezar, volver a construir, y de una manera similar comienzan a ir bien las cosas.

El primer play-off en Plata marcó un antes y un después.

Ese partido contra el Prat puede que fuera un punto de inflexión a nivel social. En EBA tuvimos partidos con mucha gente, pero ese día, con dos mil en las gradas, la afición haciendo la ola, con un partido bonito y una gran victoria, ahí en lo personal también me dije que quería ser entrenador de verdad, que me quería dedicar a esto. Amics desde aquel día empieza a ir en serio, consciente o inconscientemente.

Y se sube a Oro, la temporada pasada.

Todo va rodado de inicio. Renovamos y fichamos a quienes queremos. Desde junio trabajamos con sensaciones muy buenos. Comenzamos como un tiro, nos lo creemos desde el principio. Era un secreto que guardábamos en el vestuario, pero la visión común era que queríamos ser los mejores. Nos ponemos líderes, organizamos la Copa y la ganamos con uno de nuestros mejores partidos. Y ahí nos llega un bajón. Nos entra el miedo a ganar. Dice Messina que para ganar la Euroliga necesitas jugadores que ya la hayan ganado previamente. Nos pasó un poco eso, a mí el primero. Nos vimos ascendidos y no supimos manejar la situación de euforia. Desenfocamos, y cuando desenfocas las cosas acaban yendo mal. Vino Cáceres y nos ganó, nos quitó el liderato, y dije a los jugadores que había que empezar a pensar en play-off, había que mentalizarse de que había que sufrir muchísimo para subir. Ganamos los seis partidos que quedaban, pero Cáceres no falló y subió directo. Entonces nos vino bien estar concienciados para sufrir.

En la paradoja, el club creció mucho a nivel social en ese mes de sufrimiento vuestro.

Fue bestial. Diez partidos en 23 días. Yo ahora elegiría lo mismo, fue el mejor guion posible, porque al final nos hizo mejores a todos los niveles, pero eso dímelo hace un año. Ya habíamos jugado play-off, pero no con esa presión. Alicante y Guadalajara nos exigieron al máximo, pero sí, a nivel social, estar un mes en boca de todos fue muy bueno para el club.

En ese instante en el que ya está, que ya se ha subido. ¿Qué es lo primero que viene a la cabeza?

Alivio. Lo primero fue alivio. Pensaba que lo celebraría de mil formas, pero en el momento fue básicamente una cuestión de tensión liberada. Sobre todo del miedo que se siente a no subir, a la derrota, al fracaso. Íbamos 2-0 contra Guadalajara, y allí nos igualan la serie, perdiendo el segundo con muchas cosas raras. Y ahí empiezas a pensar que nadie pierde tras un 2-0, y que encima vienes de perder la Liga y el ascenso directo. Te vienen los miedos.

El miedo, otra vez. El deporte profesional es básicamente una lucha contra el miedo. A perder, a ganar, a fallarse a uno mismo y a los demás.

Totalmente, siempre. Nuestro gran éxito fue que los miedos no llegaron a ser mayores que nuestras ganas de ganar. El deseo fue mayor que el temor. Esa visión inicial de querer ser los mejores la mantuvimos. El estímulo quedó por encima.

También hay un cambio social en el Amics. Cuando empieza a representar de algún modo a la ciudad o a la provincia.

A mí eso me gusta un montón. Te sientes reconfortado. Conlleva una responsabilidad detrás, pero la aceptas y te motiva. Es lo que estábamos buscando cuando teníamos a 100 personas en las gradas. A mí eso no me gustaba, lo que queríamos durante años es esto, y sin ser algo muy premeditado tenemos ahora una mezcla de gente en el Ciutat muy buena. Yo ahora sí me siento entrenador, y me siento equipo de Castelló.

Este primer año en Oro, el comienzo fue fundamental.

Era algo que necesitábamos que ocurriera. Veíamos que era probable porque teníamos trabajo adelantado respecto a otros equipos, al mantener el bloque. Ese inicio con tantas victorias nos da la vida: nos salva, quita miedos y ansiedad, nos da confianza, evita cambios de jugadores, nos da estabilidad, nos da afición. Nos da todo. Éramos un poco como al principio de EBA. Los rivales, más que disgustarse al perder se sorprendían por perder y por cómo perdían. Metimos muchos puntos, jugamos muy bien. La verdad es que el inicio fue de un nivel espectacular.

Salvados, y al estilo Ten.

Es nuestra personalidad, jugar así. Al subir dije una frase que me alegro de haberla mantenido. No queríamos que la nueva categoría nos cambiara, nos quitara nuestra forma de ser y de entender el baloncesto. Nos gusta haber sido diferentes. Es lo primero que te dicen por ahí: jugáis diferente. Y me satisface que haciendo eso hayamos logrado los objetivos dejando buenas sensaciones en la Liga y en la afición. Creo que eso ha ayudado al club. Al final la idea que queda es de la de ir al pabellón a divertirse.

¿Y el futuro? ¿Sigue Toni Ten en el Amics?

Los caminos del club y míos van muy paralelos. En su momento, el club encontró en mí una persona con ganas de crecer, y yo encontré un club con esas mismas ganas. El Amics sigue siendo más que yo, me da más a mí que yo a ellos. Esto no es Obradovic fichando por Manresa. Nunca he escondido que me gustaría progresar, y de momento mi progreso va unido al Amics. De momento todos los años hemos ido creciendo. Todos. En pocos clubes podría haber tenido este recorrido, desde tan abajo hasta tan arriba, en tan poco tiempo.

Cada escalón cuesta más. Por encima solo está la ACB.

Me gustaría creer que se puede seguir escalando, pero ahora es complicado porque el próximo paso por desgracia es económico. Hasta ahora eso se podía suplir con esfuerzos personales, pero en LEB Oro ya no. Es lo que está buscando el club en este momento. Crecer financieramente para asentarse en la categoría.

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