17 de mayo de 2016
17.05.2016

«Todos dicen que son sirios para que no los devuelvan a Turquía»

Un guardia civil de Castelló, José Luis Calleja, ha estado un mes en la isla griega de Lesbos bajo el paraguas del Frontex para el control de la inmigración. Asegura que el principal cometido es ayudar «a familias enteras que lo abandonan todo»

17.05.2016 | 08:33
«Todos dicen que son sirios para que no los devuelvan a Turquía»

Familias enteras que huyen de la guerra, que no miran atrás y lo dejan todo en busca de un futuro. «Te encuentra con verdaderos dramas personales que te marcan y que cambian mucho tu percepción sobre el drama de la inmigración». Es una reflexión que realiza el agente de la Guardia Civil José Luis Calleja, de 42 años y que lleva 24 en la Comandancia de Castelló. Acaba de regresar a España, junto a otro compañero, tras estar en la isla griega de Lesbos bajo el paraguas de la Agencia Europea de Control de Fronteras Exteriores (Frontex), en el marco de la operación Poseidón.

En Castelló ya hay siete guardias civiles formados para estas misiones, de los que seis son del servicio marítimo (seaborders) y uno, José Luis Calleja, de tierra (landborder). Cualquier agente puede ser miembro de Frontex con unos requisitos mínimos que pasan por hablar inglés o francés y unos cursos de formación en fronteras exteriores que se imparten en Ceuta y Melilla. Una vez superados, entras en una bolsa a la espera de que algún país europeo pida ayuda a sus socios para el control de fronteras.

El punto caliente en estos momentos es sin duda Grecia, y en especial la pequeña isla de Lesbos, a apenas 15 kilómetros de la costa turca, desde donde salen barcos cargados de migrantes en busca de un futuro en Europa. Durante un mes el agente de Castelló, junto a otro compañero, ha trabajado en labores de apoyo con la policía griega, desbordada por el gran número de inmigrantes que partía desde Turquía hacia Lesbos.

Calleja, de regreso a su puesto en el Grau de Castelló, relataba ayer una experiencia intensa. La misión, vigilar de noche y de día y detectar embarcaciones que salían desde la costa turca, cuyo litoral se puede ver perfectamente desde Lesbos. Una vez divisada una embarcación en el mar, «lo fundamental es por supuesto que sus tripulantes salgan con vida».

A partir de ahí se activa un protocolo. «Lo que hacemos es llamar a la central para que salga un guardacostas griego, acompañado por otros de Frontex, para interceptar el barco de inmigrantes en el mar y que no les pase nada».

El paso siguiente es «ver que todo el mundo esté bien y que nadie se caiga al agua». El rescate, aunque el mar esté en calma, siempre tiene su dificultad. «Hay mucha gente que no sabe ni nadar, van niños pequeños, ancianos que no pueden ni andar. No es fácil rescatarlos, la gente se pone nerviosa y están desorientados», recuerda.

Identificar el origen

Otra de las grandes dificultades es identificar el origen de los inmigrantes. «Todos te dicen que son sirios porque todos quieren tener la condición de refugiados para que no los devuelvan a Turquía, y a veces es complicado porque están indocumentados», subraya. Y es que con el acuerdo suscrito entre la UE y Turquía, en vigor desde el 20 de marzo, las deportaciones de todos los inmigrantes que no tengan la condición de refugiados es una realidad, un acuerdo que se intenta justificar para poner freno a las mafias que trafican con las personas.

Como recuerda José Luis Calleja, una vez se ha rescatado a los inmigrantes, equipos de entrevistadores del Frontex, junto a las autoridades griegas, se encargan de intentar averiguar sus nacionalidades. «Hay mucha gente que te dice que son sirios y resulta que son de Bangladesh, Pakistán, Irán Irak, Afganistán e incluso de Vietnam o Camboya», recalca el agente. Un caso curioso fue el de un grupo de dominicanos, 17 personas, a las que llevaron en vuelo hasta Moscú, desde donde una furgoneta los trasladó hasta Turquía para embarcarlos hacia Lesbos. «Les prometieron que estarían en Alemania y acabaron en Grecia», señala. Precisamente, otro de los retos del Frontex es identificar al «facilitador», o sea, «a las mafias que trafican con los seres humanos, pero es realmente complicado».

Sobre esta experiencia, asegura que «te quedas con el drama humano de familias enteras que abandonan sus casas, que lo dejan todo sin mirar atrás, sobre todo los sirios, que están en un país en guerra». «Al vivir en primera persona el tema de los refugiados te cambia mucho la visión de este drama. Es impactante», subraya. Ahora, tras el acuerdo del 20 de marzo, el problema se ha suavizado en Lesbos, pero todo apunta a que las mafias busquen otras rutas desde Libia hasta la isla italiana de Lampedusa.

Convivencia

Respecto a la coordinación con el resto de fuerzas europeas de Frontex, José Luis Calleja subraya que «la experiencia es muy buena porque convives con policías de otros países y, además, compruebas que la Guardia Civil aporta una preparación y unos medios técnicos muy superiores a la de otros países». Es más, subraya que «estamos seguro en lo más alto entre las fuerzas de vigilancia europea».

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