11 de junio de 2016
11.06.2016

La fundición y el cepillo

11.06.2016 | 00:56
La fundición y el cepillo

Ya estamos en campaña, otra vez. Lo bueno es que ahora va en serio y que, pase lo que pase, esto acabará en quince días. O no. Porque podría pasar que de nuevo no pase nada y sigamos como hoy; como estamos desde el año pasado, con un gobierno en funciones y con la imposibilidad de elegir uno nuevo. Que todo puede pasar a tenor de lo que dice la última encuesta del CIS que asegura que el PP volverá a ganar pero sin mayoría suficiente para gobernar, que el PSOE pasará a ser tercera fuerza política por primera vez, que la coalición Unidos Podemos más las confluencias hará realidad por fin la sorpresa del 'sorpasso' para mayor satisfacción de Anguita y los suyos, y que Ciudadanos será la cuarta fuerza política en un parlamento que acabará por certificar el fin del bipartidismo.

Y aquí, en la Comunidad Valenciana, más de lo mismo? y no sólo en lo que a la encuesta electoral se refiere, que también: la negativa del PSOE a Ximo Puig para conformar una entesa valenciana para la cámara alta hace peligrar la representación del PSOE en el senado por Castelló mientras el PP no tiene seguro revalidar el segundo diputado y en los dos casos -según el CIS- a favor de la nueva marca de izquierdas 'A la Valenciana'. Una forma de hacer las cosas, el fet a València, que por cierto no siempre ha sido sinónimo de buen hacer. No al menos cuando se refiere a otros actores que también han dejado huella en su forma de gestionar la cosa pública en beneficio privado. Estos días hemos conocido más datos sobre la corrupción que campó a sus anchas en los años de vino y rosas de los gobiernos de Francisco Camps. Al escuchar en boca del President de la Generalitat en sede parlamentaria las cifras del despilfarro da la sensación de que se acabó la barra libre y la impunidad, algo es algo aunque falta la reparación. Al comprobar como los compañeros de quienes lo consintieron no movían un músculo a medida que se iban desgranando las cifras del latrocinio da sencillamente rabia, porque falta al menos el pedir perdón.

Hubo para todos y en toda ocasión que se presentara propicia: Da igual que fuera la Fórmula 1 que los barcos de la Copa América o la construcción de colegios, las depuradoras que la RTVV, etc. Robaron también en el nombre del Papa, o por lo menos aprovechando su visita. Hasta 22,2 millones de euros, que son muchos, facturó la Fundación V Encuentro Mundial de las Familias en contratos «ilegales» a cuenta de la visita de Benedicto XVI a Valencia.

Eso sí, todo quedó en familia. La cristiana, la que ahora se manifiesta para protestar por la supuesta persecución a la financiación de la escuela concertada, vibró con la presencia del Santo Padre ajena a como la «otra familia» se daba la vida padre gracias a unos contratos que no dejan de sorprender por su dimensión y su indignidad. Por ejemplo: 3,1 millones gastados en 7.000 urinarios móviles que hicieron posible que por unas horas la ciudad de Valencia fuera la mas aliviada del arco mediterráneo; 1,7 millones de euros para alojar, por supuesto como Dios manda, a los tres mil miembros de la curia eclesiástica que se dieron cita esos días en el Cap i Casal; 1,5 millones más para la construcción del macro altar con torre incluida en un escenario de 5.400 metros cuadrados; y para que no falte de nada había que publicitarlo: 703.691,76 euros gastados en propaganda.

Es lo que se sabe hasta ahora porque los auditores de la Generalitat tan sólo han podido revisar las cuentas entre 2010 y 2014 ya que no se ha aportado documentación sobre años anteriores. Los responsables de la gestión en la Fundación que montaron Francisco Camps (Generalitat Valenciana), Rita Barberá (ayuntamiento de Valencia), Fernando Giner (diputación provincial) y el arzobispo Agustín García-Gasco para reunir en Valencia el Encuentro Mundial de las Familias puede que alcancen la bendición en el reino de los cielos y puede incluso que obtengan también el perdón en las urnas de aquellos que les volverán a votar. Puede. Pero ello no les exime de someterse también al dictado de la ley aquí en la tierra. Por lo menos eso. Porque no fue una Fundación al uso, sino una fundición en el uso del dinero de todos. Eso sí, no faltaron ni Montserrat Caballé cantando el «Padre Nuestro» compuesto para la ocasión por José María Cano ni las pantallas de televisión? aunque en ninguna de ellas se viera el dolor de las víctimas de aquel accidente de metro que en aquellos días fundió a negro la escasa credibilidad de una RTVV entregada a la causa y que se convirtió en parte fundamental para ejecutar el saqueo que aquel julio de 2006 se perpetró entre salmos y gritos de «esE Papa como mola, se merece una ola?» Sucedió en Valencia y de momento, que se sepa, pasaron un «cepillo» en el que los valencianos nos dejamos unos 22 millones de euros. Amén.

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