13 de junio de 2016
13.06.2016
DEPORTES

Barraca y madera

Álvaro Campos y los postes sostienen al Castellón en La Rosaleda (0-0) Sufrida resistencia albinegra frente al empuje bravo del filial del Málaga

13.06.2016 | 08:11
Barraca y madera

Es imposible, decía la razón. Parecía imposible, de hecho, a tenor de todos los síntomas. El Castellón resistió contra pronóstico y contra la inercia del juego, a base de barraca y madera en una mañana infernal en la Rosaleda. Por alto, por bajo y en especial por donde quiso el imparable Ontiveros, el filial del Málaga acechó la victoria sin descanso, pero las paradas de Álvaro Campos se sumaron a tres disparos locales repelidos por la madera para validar el planteamiento defensivo de Kiko Ramírez. El Atlético Malagueño de los 96 goles solo necesitaba uno para pasar la eliminatoria, tras el 2-1 de la ida. Y lo intentó, lo intentó y lo volvió a intentar, y quizá lo mereció, pero no pudo marcar ante el esforzado conjunto castellonense, que abrazó el 0-0 con la desesperación propia del instinto de supervivencia. El premio es grande: la bola del Castellón espera hoy rival en el sorteo de la última eliminatoria de la promoción. El ascenso a Segunda B, tan lejano durante todo el curso, asoma ahora a apenas dos partidos de distancia.

Sin delanteros -lesiones, sanciones, descartes o largas inactividades-, el Castellón manejó en ataque dos soluciones de urgencia. Con Meseguer en el banquillo y Marenyà en el enganche, Ebwelle y Jesús López alternaron la punta y el flanco izquierdo. El partido, de entrada, tuvo un aire amable para los visitantes. Duró poco. Un córner botado por Marenyà en el minuto 7 generó cierto titubeo en el área, y el Malagueño no probó a Álvaro hasta pasado el cuarto de hora, con un disparo lejano de Kuki Salazar. A esas alturas se lesionó el lateral Iván, y el sustituto Montero, zurdo a pie cambiado, mutó en inesperada arma local. Sus roscas y sus lanzamientos se sumaron a los argumentos que hicieron recular al Castellón, cada vez más achatado, sin recursos en ataque, cada vez más metido en su propia área, entregado a la heroica.

En el límite

En ese escenario de dominio constante, el talentoso Ontiveros creció hasta gobernar el partido. Trituró a Luismi Ruiz con frecuencia, sin que las ayudas pudieran taponar la sangría. El Castellón paseó por el borde del precipicio. Álvaro intervino providencial a disparos de Kuki y el propio Ontiveros y, en la más clara, al filo del descanso, el poste negó el tanto a una maniobra del local Luismi.

El Castellón sufría. Corría mucho, pero sin salida, cada recuperación le servía de poco. Aún así, tuvo ocasiones. A Jesús López le faltó colmillo para aprovechar un error del meta Aarón, tras un pelotazo largo. El portero local se rehizo con dos buenas intervenciones. Una tras lanzamiento lejano de Marenyà, el único faro orellut, y otra en el córner siguiente, al desviar a quemarropa un recurso de espuela de Guille Vázquez.

Sin goles comenzó la segunda parte: cincuenta minutos de agonía visitante. No había pasado el primero cuando Jaime Moreno obligó la intervención de Álvaro, imperial al poco de nuevo, en un guantazo tras una falta directa de Montero. El propio Montero enroscó un centro que se envenenó hasta la madera. El Castellón resoplaba, levantaba la vista y le quedaba un mundo: era el minuto 55. Kiko buscó oxígeno con la entrada de Meseguer, que se las arregló para asear un par de balones, aún más escaso de socios tras la salida de Jorge por Marenyà. Así que nada, el partido se redujo: era aguantar o no aguantar, para el Castellón, y marcar o no marcar, para el filial.

El Malagueño avanzó en el tramo definitivo en su plan de cocción lenta: por dentro y por fuera, un abanico de disparos y centros, desbordes y quiebros. En el minuto 75, el travesaño repelió otro zurdazo de Montero, cuya posición jamás descifró el Castellón, que sacó el manual para casos de urgencia, con tanganita, lesioncitas, cambios y calambres. Álvaro tapó valiente en el 86, con la ayuda de Arturo, la última oportunidad del venezolano Jaime. El oficio del grupo abrochó el resto, firme la tropa en los balones postreros a la olla. En la orilla, lo que parecía imposible terminó siendo real. Llegó el minuto 90, llegó el 95 y llegó el final. Solo con el pitido del árbitro, el Castellón cambió el sufrimiento por el gozo.

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