20 de junio de 2016
20.06.2016
DEPORTES

Magia desbravada

La varita de Charlie Meseguer aupó al Castellón hasta el 2-0, pero el Gavà niveló la ida de la final aprovechando dos errores de la zaga (2-2)

20.06.2016 | 08:54
Magia desbravada

El partido, el 2-2 entre el Castellón y el Gavà en la ida de la final por el ascenso, lo gobernó la emoción pura. Tácticas, dibujos y cadenas saltaron por los aires en un primer tiempo de golpes a cara descubierta. La adrenalina [el himno, la grada, la impecable puesta en escena local] empujó de inicio al Castellón, que una vez en ventaja no supo serenarse y reconducir la inercia de lo imprevisto. A largo plazo, la falta de control le provocó un efecto devastador, coloreando un paisaje que no le convenía, coronado con dos errores de sus centrales. En la bañera caliente de Castalia, la varita de Meseguer aupó a los albinegros hasta el 2-0 en apenas veinte minutos, pero el Gavà aguantó la embestida y logró nivelar antes del descanso. Lo hizo con cuajo y contundencia, asido a la explosividad de sus cuatro jugadores de ataque, un martirio para la defensa local. Sin pausa, la magia se desbravó y el 2-2 definitivo dejó en ventaja al Gavà. Si quiere ser de Segunda B, el Castellón tendrá que ganar el domingo en la Bòbila.

O empatar mínimo a tres o pasar en los penaltis, que hay que decirlo todo.

Sea como fuere, cualquiera que haya pisado Castalia sabe que Charlie Meseguer es un futbolista especial, al que es mejor, por si acaso, no llevarle la contraria. Hace justo un año, en la prórroga de la eliminatoria fatal contra el Haro, falló un remate franco en el área. En el descanso del minuto 105, Calderé, el entonces entrenador, salió alocado hasta el centro del campo. Zarandeó a Charlie, gritándole en la cara, y se pudo apreciar cómo le hacía el gesto típico de un remate de cabeza. Charlie se giró, tiró la botella de agua al césped y se guardó el recado en un compartimento de la memoria.

Y ayer, un año más tarde, con el partido en el alambre, justo antes del cuarto de hora, el fútbol lo plantó frente al mismo dilema. Si contra el Haro el centro lo levantó Pruden, contra el Gavà lo enroscó Luismi Ruiz. Meseguer clavó los tiempos de llegada al área e igual que entonces la bola le alcanzó a media altura. Entre rematar con el pie, como la otra vez, o con la cabeza, como le dijo Calderé, Meseguer eligió hacerlo a su manera. No hubo remate sino sorpresa: controló en acrobacia, se giró a la media vuelta y conectó la volea a la red del Gol Sur de Castalia.

Lo tomas o lo dejas, así es nuestro Charlie. Durante cinco minutos, Meseguer entró en trance y el partido se jugó dónde y cómo él quiso. En el 19, recibió de su socio Marenyà entre líneas, se perfiló hacia el marco con clase y la jugada se desparramó a sus pies con exuberancia. Mezcló con Ebwelle, que por fin se la devolvió a tiempo, y Charlie leyó desde la frontal el pase al plano contrario, plantando a Fabiani frente al meta visitante. El largo Fabiani hizo su parte y la clavó en la esquina, solo, por bajo, fácil.

Era el minuto 19 y el Castellón ganaba 2-0. Nunca, desde el infame descenso administrativo de 2011, había estado tan cerca de Segunda División B. Nunca, desde el ascenso de 2005, tantos aficionados vibraban a la vez en Castalia. Pero era solo el minuto 19. Ese era el único y gran problema.

Ventaja perdida

La gestión de la ventaja fue muy poco Kiko Ramírez. El partido siguió la senda de la ida y vuelta. El Gavà se presentó en la final acumulando 21 partidos sin perder. Ya son 22. Boris, el delantero centro, sumaba 17 goles en media temporada. En el minuto 27 demostró por qué. Ya son 18. Un largo saque de banda le bastó para cuerpear con Guille y encarar a Álvaro, con definición cirujana. Sin respiro, y ahondando en la debilidad de la pareja de centrales, un despiste de Arturo regaló el 2-2 a David Jiménez.

Visto y no visto. Minuto 31.

Y es que, en general, el primer tiempo deparó numerosas ocasiones. Antes del primer gol, Fabiani y Ebwelle se habían fabricado un par. El Castellón danzó al ritmo del incansable motor de Marenyà, sostenido por el tesón de Carlos López. El Gavà evitó, en la medida de lo posible, la fase intermedia. No la necesitó: con las arrancadas de Kata y los desmarques de los puntas al espacio le valió para generar problemas. Al Castellón le vino bien el descanso.

Tras él, halló el control que tanto había echado en falta. Al Gavà no le pareció incomodar el bajón de intensidad. La buena salida del Castellón no conllevó peligro. La ocasión más clara, incluso, la tuvo el visitante Boris tras una gran jugada de Raíllo, pero la pelota se marchó fuera en el remate. A las bravas, ya con Antonio en el verde y con Carlos López al límite en la intendencia, el Castellón sacó el orgullo para acabar en área contraria. Exigió a Eric en una aventura de Meseguer, se le anularon dos goles bien anulados a Jesús y Antonio, y Meseguer, otra vez él, tuvo dos zurdazos francos a quemarropa. Uno lo tapó el defensa y el otro lo lanzó a las nubes en el descuento.

Con el 2-2 inamovible, el árbitro pitó el final y comenzó el partido de vuelta. Mientras el Gavà celebraba con los suyos el empate, Iñaki Descarga, el segundo entrenador, obligó a los albinegros a agradecer el apoyo de Castalia, grada a grada, aplauso a aplauso. Emergió entonces entre la decepción de la afición del Castellón el grito unánime de la esperanza, el Sí se puede que Kiko Ramírez aprovechó para reunir al grupo en círculo, unir las manos en el grito de guerra, y alimentar el espíritu del equipo de cara a una semana tremenda.

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