25 de agosto de 2016
25.08.2016
Opinión

Pinos, pinochas y Pinochos

25.08.2016 | 08:45
Pinos, pinochas y Pinochos

Todos los veranos mueren millones de árboles víctimas de seres humanos incapaces de controlar su pasión por el fuego de grandes dimensiones. Puede que sean gente enferma, puede que su incapacidad para controlar su placer por las llamas, cuanto más esbeltas, mejor, se deba solo al deseo de conseguir de esa manera una satisfacción que no ha sabido encontrar en otra actividad que no exija la quema de millones de árboles que, mientras viven, además de ofrecernos el espectáculo grandioso de su propia vida al servicio de la naturaleza, en su función plástica, garantizan el ejercicio de ser en sí mismos el pulmón de cualquier sociedad «civilizada».

Todo y que el verano podría haber entrado ya en su último tramo, digo del tiempo en que los termómetros funcionan a todo trapo, los incendios forestales seguirán alimentando los telediarios que llevarán sus cámaras voraces hasta la vereda donde las llamas arrasan todo lo que encuentran. Se trata de un espectáculo grandioso y gratuito que aumentará la audiencia de los informativos de las teles, cansados también de la misma información, propaganda o manifestación de los propios intereses, también gratis, de los ínclitos Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias, de los que estamos hasta el moño y que rivalizan todos los días con las consecuencias de los incendios, también con su voracidad, con sus efectos devastadores, con sus criminales consecuencias.

Un año entero o casi ya, dormitando en los despachos respectivos sin dar un palo al agua, cobrando de el dinero pagado por aquellos a los que defraudan y que tal cual van las cosas puede que alcancen a justificar otra vez nuevas elecciones, con tal de seguir cabalgando el macho. Llegados a este punto ya no sabe uno si son más nocivos los incendios o el proceder de los próceres.

Los pinos prenden a partir de las llamas, pequeñas y medianas que algún incidente o el calor han provocado y al que en la mayoría de ocasiones ayudan no poco las acciones de los pirómanos. Sea como fuere, la suciedad del piso, matojos, que alcanza una altura media suficiente, es el paso intermedio entre la llama pequeña y el incendio grande, con la tea de los pinos de por medio. A veces los vigilantes lo detectan pronto, los medios de extinción acuden rápidos y los ciudadanos nos enteramos también solo un poco porque aquello, el incendio, se ha quedado solo en conato. Cuando los bomberos y resto de héroes, alguno de los cuales puede perder la vida ejerciendo su profesión, lo que va implícito en el sueldo si es que se produce, llegan al lugar de los hechos, los primeros goles los ha marcado ya el pirómano y resto de auxiliares involuntarios. Aparecerán más tarde los llamados medios aéreos y según la dirección del viento las cosas irán a peor, la dirección del viento siempre ayuda a crecer el fuego, cuando no, cambia la dirección de pronto, las llamas giran su dirección, les tapan la retaguardia y no queda sino rezar.

El fuego ha tomado ya para entonces su última dimensión y si hay suerte y medios suficientes tiene las horas contadas. Cuando las fuerzas intervinientes han terminado, los curiosos domingueros volverán al pinar „ya estuvieron en tiempos de recogida «dels rovellons»„ para conocer de primera mano la tragedia y preguntar si para cuando llegue octubre las setas volverán o si las llamas han acabado con todo. La tragedia, además de la pérdida del arbolado inmenso se ha llevado por delante lo que era un paisaje inimitable. Pasarán años, muchos, antes de que otro pirómano encuentre, allí donde estuvo antes, otros pinos que hacer estallar en llamas.

A lo mejor, cuando el verano acabe, los ínclitos han conseguido llegar a acuerdos que satisfagan sus aspiraciones personales que tienen que ver, solo, con alcanzar el poder y ejercerlo. Por lo que sabemos dada la experiencia pública anterior y última, con mano férrea, sueldos escasos para los siervos de la gleba, no los pasados, sino los ahora mismo parados o en el mejor de los casos mileuristas, fieles a las consignas del empresariado oficial, son los mismos, cuando dijo a los trabajadores que había que trabajar más y cobrar menos. Literal, y en eso parece que están.

Están trabajando denodadamente para encontrar acuerdos que no pudieron hallar antes y en el mismo contexto que el actual o parecido, mientras los demás no hemos aprendido a votar, pese que hemos disfrutar de hasta dos elecciones generales para hacerlo y puede que pronto llegue la tercera edición. Calculemos cómo podemos llegar a ser los electores, que incluso después de una tercera edición, si es que llega, igual no aprendiéramos a votar como Dios manda, que es como Dios nos manda votar, pero no le entendemos.

Un día tal vez llegue un tsunami monumental y justiciero, que se lleve por delante toda la maleza del piso donde viven los pinos y los alcornocales, que nadie limpia jamás y que la mayoría son de propiedad pública. No diré que los propietarios del poder político, para lo que sirven, bien podrían destinar su tiempo a limpiar los montes; me bastaría con que lo ordenaran, lo hicieran cumplir y se ocuparan de la gobernanza de una puta vez.

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