Una mirada histórica y estética al centro de Castelló

Royo reivindica el patrimonio propio y critica la falta de mirada sobre la ciudad y su entorno

11.06.2017 | 12:19
Una mirada histórica y estética al centro de Castelló

Toni Royo Pérez. Profesor, activista y comprometido con el patrimonio de Castelló, su visión amplía el espectro desde la lengua, hasta las tradiciones o la arquitectura y el diseño del barrio del centro de la capital de la Plana, el cual visualiza como una oportunidad de futuro

Reflexionar sobre lo propio. Conocerlo, estudiarlo, apreciarlo y defenderlo. Esta podría ser una buena descripción del protagonista de estas líneas, si le añadimos que en los tiempos de la dictadura hacerlo suponía todo un desafío y convertía a quienes lo practicaban en activistas.

Tal vez por eso, Toni Royo, sigue aún al pie de la reivindicación desde la delegación castellonense de Acció Cultural del País Valencià. Nacido en una casa en la esquina de la calle Colón con la calle Mayor, Royo recuerda que ha visto pasar en su infancia desde el balcón de su casa pregones, gaiatas, procesiones o las venidas del dictador a la ciudad e inmediatamente se le dispara el anecdotario.

«Desde el balcón, se les veían las 'mentiras' a las gaiatas», asegura, al referirse a elementos interiores escondidos de la vista a la misma altura y que conformaban el monumento, así como recuerda el conocido desliz del locutor de Radio Castellón, Chencho, que cuando perdió de vista «por fin» al dictador tras uno de sus eternos desfiles.

La familia de nuestro protagonista procedía dos generaciones atrás de València, pero ya se asienta en Castelló desde principios de siglo. «Por parte de mi madre, la familia proviene de València ,pero mi abuela se había establecido en Castelló y se había casado aquí, igual cuando tenía 20 años, por lo que se puede decir que eran de Castelló a todos los efectos».

De hecho, al referirse a la nomenclatura de algunas de las calles del barrio, diferencia entre los de 'soca' y la toponimia oficial. A este respecto, sigue llamando a la calle Alloza, « carrer Damunt» e introduce un elemento desconocido para los neófitos y que divide el centro al estilo del cardum y el decumanum romano.

«La lógica de la nomenclatura se ancla en la época de Jaume I y aunque la calle mayor nunca se llamó carrer de Baix, si que forma una unidad con la calle Enmedio y con la actual calle Alloza, que era el carrer Damunt».

La formación de Royo empezó en la etapa infantil en el centro de la Consolación, en la calle Antonio Maura, que posteriormente se convirtió en el Centre Municipal de Cultura. Tras esa etapa, se formó en los escolapios e hizo el PREU en el Ribalta. Además continuó sus estudios de Filosofía y Letras, con la especialidad de Historia en el antiguo Colegio Universitario de Castelló.

Allí, el contacto con al ambiente cultural del tardofranquismo motivó el inicio del activismo, cuando simplemente escribir en valenciano era un acto político. «En aquella época, ya empece, incluso en los escolapios, a escribir en valenciano. En el franquismo es muy complicado desligar la línea de lo cultural a lo directamente político», asegura, al tiempo que manifiesta que «el hecho de escribir en valenciano ya es una opción que de alguna manera te ponía en contra de lo establecido en el momento».

De esa época, también relata nuestro protagonista los primeros contactos con lo que sería después Acció Cultural en València y cómo «va clarificándose el futuro para cuando termine la carrera, que entraré a trabajar en lo que era el Secretariat de l'Ensenyament del idioma, que entro a mediados del año 1.977».

Con la mirada humanista sobre su entorno, Royo se ha convertido en un estudioso del modernismo de la ciudad de Castelló, y entre las anécdotas, destaca una de la casa anexa a la de su infancia. «Uno de los recuerdos más intensos es de la casa de lo que era El Campanar, una tienda de vinos de toda la vida, con toneles y eso, que te hacía mezclas particulares; tu entrabas y le decías: ¡Cirilo, el vino! Y te llenaba la botella con la peculiar mezcla de cada casa, que en nuestro caso eran dos vinos negros diferentes y un poco de quina», relata.

De esa formación humanista, Royo destaca la «apertura de miras», lo que «combinado con el interés ideológico y nacional por las cosas propias hace que te fijes en el patrimonio local».

A este respecto, Royo critica que el desarrollismo franquista asoció las casas y el valenciano al pueblo, mientras que, a su juicio, los edificios y el castellano estaba ligado a la ciudad y simbolizaba la adopción de un nuevo estatus, al tiempo que aboga por recuperar un patrimonio estético perdido por esa burguesía que desprecia el pasado, incluso de su misma clase social.

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